Dicho aquello, se puso un batín de seda y salió de la habitación. Luna se quedó perpleja durante unos minutos, maldijo como un carretero y se duchó.
Cuando bajó las escaleras, Matteo ya se había ido, así que desayunó sola, agarró sus cosas y se fue al taller en compañía de Gastón.
Luna se pasó todo el día nerviosa y una llamada de su madre desde Melbourne no le puso las cosas fáciles. Aquello de estar engañando a todo el mundo, sobre todo a su madre, no podía ser, así que, cuando volvió a casa por la tarde, estaba decidida a decirle a Matteo que no podían compartir habitación, que todo tenía un límite.
Al entrar, Judith la saludó con cariño y la informó de que había trasladado sus cosas a la suite de Matteo, ante lo que Luna no tuvo más remedio que dar las gracias. Volvió a pasar sus cosas a su habitación, se duchó y, cuando estaba saliendo del baño, se encontró a Matteo, con el armario abierto y recogiendo de nuevo su ropa.
—Déjala donde está —le dijo.
Matteo la miró muy serio.
—Veo que quieres hacer las cosas por las malas.
—¡No quiero hacerlas!
—Si. Quieres intimidad, la tendrás, pero vamos a compartir habitación.
—¿Es que acaso no importa lo que yo quiera?
—Dada la situación, no.
—Me sacas de quicio...
—Creo que eso ya me lo has dicho tres o cuatro veces.
—Bastardo —le soltó Luna muy satisfecha, pero Matteo la ignoró—. Me las voy a volver a traer para acá —le advirtió.
—Pues vamos a tener una noche muy movidita.
Luna se dijo que, de momento, era mejor no hacer nada y esperó a que después de cenar Matteo se recluyera en su despacho para volver a pasar su ropa a su habitación. Satisfecha, se metió en la cama y apagó la luz. Era tarde y no tardó en quedarse dormida.
Al despertarse a la mañana siguiente, descubrió que no estaba ni en su cama ni en su suite. Y lo peor era que no estaba sola. Matteo estaba tumbado en el otro extremo de la cama con una hilera de almohadas entre ellos. En algún momento de la noche, la había llevado a su habitación. ¿Cómo se había atrevido?
A Luna se pasó por la cabeza golpearlo con una almohada y, como si le hubiera leído el pensamiento, Matteo abrió un ojo y le dio los buenos días.
—Ni se té ocurra —le advirtió.
—No sabes lo que estoy pensando —contestó Luna.
—Si tiene algo que ver con contacto corporal ten en cuenta que puede que no te gusten las consecuencias.
Luna tomó aire.
—No me caes bien —reflexionó.
—Pues te fastidias.
En aquel momento, sonó el teléfono móvil de Luna.
—¿Qué tal te va en la cama con él, zorra? —le espetó Simón—. ¿Te gusta lo que te hace?
Luna colgó con dedos temblorosos.
—¿Simón?
—Sí —contestó Luna, poniéndose en pie y corriendo al baño lavarse la cara con agua fría.
Sentía náuseas, pero se vistió y se arregló para irse a trabajar.
—¿Qué te ha dicho? —le preguntó Matteo.
—Las porquerías de siempre.
Matteo, que se estaba haciendo el nudo de la corbata, observó lo pálida que estaba.
—Sólo es cuestión de tiempo —le aseguró.
Luna asintió.
—No me apetece desayunar —declaró a continuación—. Ya tomaré algo más tarde.
—No, tómate algo en casa antes de irte —le indicó Matteo, acercándose a ella y tomándole el rostro entre las manos.
—¿Es una orden?
Matteo sonrió.
—Una petición, más bien.
—Está bien, me llevaré un yogur y me lo tomaré en el taller.
—Te llamaré luego —se despidió Matteo.
Luna bajó a la cocina a por el yogur, tal y como había prometido, se despidió de Judith y siguió a Gastón hasta el garaje. El día fue normal habló con su madre, que le dijo que su tía estaba mejor de salud, y hubo dos llamadas sin respuesta que Luna atribuyó a Simón.
Al llegar a casa, por pura cabezonería y diciéndose que era una cuestión de principios, Luna volvió a pasar sus pertenencias de la habitación de Matteo a la suya, pero él volvió a llevárselas a su suite.
—Está bien, tú ganas —se rindió Luna, levantando las manos.
Matteo aceptó sin discutir que Luna necesitaba dedicarle mucho tiempo al siguiente desfile y él desaparecía tras la puerta de su despacho todas las noches para hablar con varios patrocinadores sobre la subasta que iba a tener lugar para la recaudación de fondos para ciertas causas benéficas.
Luna solía acostarse antes que él y, aunque la pared de almohadas seguía allí, cada vez se le hacía más difícil tenerlo tan cerca y tan lejos a la vez. Estaba pendiente de él y, tumbada en la oscuridad, imaginaba que Matteo la buscaba, que sentía su boca de nuevo, sus manos... y revivía todo lo que había sucedido entre ellos antes de llegar al maravilloso orgasmo que Matteo le había regalado.
Quería volverlo a vivir, pero con él, sólo con él.
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Amor Protector [Adaptación/Lutteo]
ФанфикшнNo quería casarse con él... pero necesitaba su ayuda. ღ Fecha de publicación: 28.03.19 ღ Fecha de finalización: 20.05.19 ღ Editada: 07.04.22 ღ Aclaración: Está historia ya había sido publicada en mi antigua cuenta @ruggarolbebos, la cual fue cerrada...
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