Al día siguiente, todo transcurrió con relativa normalidad entre preparativos para el desfile de modelos previsto para el mes siguiente, una llamada de una revista de tirada nacional que quería hacerles un reportaje, estudiar la moda de las pasarelas de Londres y de Milán y buscar telas para la próxima colección de invierno.
Aquel día no hubo llamadas de Simón y Luna se preguntó si el episodio con el guardaespaldas contratado por Matteo lo habría asustado o estaría esperando el momento adecuado. Matteo la llamó dos veces. En la primera ocasión, Luna se negó a ponerse al teléfono y en la segunda aceptó la invitación que le hizo. Ignorarlo no le sirvió de nada.
Aquella noche iba a acudir en compañía de su madre a una fiesta que daba una de las mejores amigas de Mónica. Todo el mundo esperaba que llevara algo espectacular y Luna no defraudó. Eligió un conjunto en color lila pálido compuesto por falda y cuerpo tacones altos a juego y el pelo recogido alto lo que hizo que la gente la mirara con admiración.
Luna estaba segura de que Matteo estaría entre los invitados y se encontró buscándolo mientras conversaba aquí y allá con el resto de los congregados en aquella velada que estaba teniendo lugar en Point Piper.
Luna se dijo que se lo estaba pasando bien y casi lo consiguió hasta que vio entrar a Ámbar muy bien peinada, maquillada por un profesional, con estupendos diamantes en las orejas y en el cuello y llevando el vestido rojo. Luna apretó los dientes, pero se dijo que lo cierto era que la modelo hacía justicia al vestido y que ése era, al fin y al cabo, el objetivo de una diseñadora, que prenda y mujer se fusionaran.
De repente, al girarse, se encontró con Matteo, que la miró de manera enigmática y sonrió. Al instante, Luna sintió que un intenso calor se apoderaba de ella. No le gustaba nada que su cuerpo actuara por un lado y su mente por el otro. A Luna le gustaba tenerlo todo controlado y no le apetecía nada vivir aquella situación. Sobre todo, porque su instinto de supervivencia le indicaba que saliera corriendo de allí.
¿Acaso Simón no le había hecho suficiente daño como para que le quedara claro que no debía acercarse a ningún otro hombre? Todavía estaba pagando el precio de aquello. ¿Por qué volver a vivir lo mismo por elección propia?
Luna observó fastidiada cómo Ámbar se colocaba al lado de Matteo y lo besaba muy cerca de la boca. Aquello la hizo sentir celos. No estaba preparada para sentirlos y se apresuró a girar la cabeza y a saludar a otro invitado.
Al cabo de un rato, salió a la preciosa terraza desde la que se veía a la bahía iluminada. «Mágico», pensó.
—Parece ser que tienes la costumbre de no contestar a mis llamadas.
Luna no se había dado cuenta de que Matteo la había seguido, pero, ahora que le tenía cerca, se le había acelerado el pulso y el calor se había vuelto a apoderar de ella. Lo tenía demasiado cerca.
—No tenemos nada de lo que hablar —contestó.
—¿Tu ex prometido no se ha vuelto a poner en contacto contigo?
Matteo no tenía intención de decirle que había contratado a un segundo guardaespaldas para que vigilara a Simón. La investigación que habían llevado a cabo sobre él había revelado que ya de niño había tenido episodios de comportamiento psicópata que se habían repetido durante la adolescencia y habían desembocado a la edad de diecinueve años en un intento de violación y un despido por acosó sexual a una compañera de trabajo.
—No he recibido llamadas ni mensajes de texto ni nada —contestó Luna—. ¿No se te ha ocurrido pensar que puede que no quiera hablar contigo ni verte? —añadió cambiando de tema.
Aquello hizo sonreír a Matteo.
—Eres muy diferente.
—¿A quién? ¿A las mujeres que se pegan como una lapa a ti y están pendientes de todas y cada una de tus palabras para asentir y darte la razón en todo y babear cuando las miras?
—Sí.
—Vaya, yo creía que ese tipo de mujeres te encantaba.
Matteo se rió a gusto.
—Tal vez me tendría que buscar una esposa para que me protegiera.
—¿De verdad?
—Sí, sería una vida muy sencilla —contestó Matteo en tono divertido.
—No te veo en el papel de marido —bromeó Luna.
—¿Tanto te cuesta creer que quiera tener hijos?
—¿Para continuar la dinastía Balsano?
—La mujer que se convirtiera en mi esposa tendría muchas ventajas.
Luna no quería ni imaginarse cuáles podían ser aquellas ventajas. No quería ni plantearse que una de ellas fuera el poder disfrutar del cuerpo de aquel hombre. La perspectiva se le hacía tan insoportable, que intentó esquivarlo para alejarse, pero Matteo se inclinó sobre ella, le tomó el mentón con una mano y la besó, dejándola sin respiración.
De manera sensual, Matteo exploró su boca y comenzó a jugar con su lengua, invitándola a bailar una danza ancestral que prometía mucho. Cuando deslizó una mano hacia su nuca, Luna comenzó a responder. Al cabo de un rato, perdió el sentido del tiempo y del espacio, sólo existía el hombre y el efecto que tenía en su cuerpo y en su alma. Aquello era muy diferente a lo que había experimentado en otras ocasiones. Luna se sintió transportada a un lugar que jamás antes había visitado.
Como si se diera cuenta, Matteo la llevó todavía más alto, inflamando sus emociones hasta que Luna sintió que iba estallar en mil pedazos. Estaba perdida, completamente entregada a él hasta tal punto que, cuando Matteo comenzó a
apartarse, emitió un gemido de protesta.
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Amor Protector [Adaptación/Lutteo]
FanfictionNo quería casarse con él... pero necesitaba su ayuda. ღ Fecha de publicación: 28.03.19 ღ Fecha de finalización: 20.05.19 ღ Editada: 07.04.22 ღ Aclaración: Está historia ya había sido publicada en mi antigua cuenta @ruggarolbebos, la cual fue cerrada...
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