➸ doce

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Disponía de media hora para ducharse, arreglarse el pelo, camuflar con cuidado un moretón y elegir la ropa que se iba a poner, pues había quedado con su madre en el vestíbulo. Eligió un vestido de mangas tres cuartos de encaje negro que se ajustaba a sus curvas, lo combinó con unos tacones altos negros y se recogió el pelo en un moño sencillo.

Cuando bajó, encontró el Lexus de su madre aparcado en la puerta de su edificio, avanzó hacia él besó a Mónica y consiguió mantener una conversación amena hasta que llegaron a Rose Bay.

Al llegar a la mansión de la persona que daba la fiesta, vio a Matteo conversando con otro invitado. Como si hubiera presentido su aparición, levantó la mirada y sus ojos se encontraron.

Luna aceptó una copa de champán para ver si se le aplacaban los nervios. Había decidido quedarse una hora y luego irse con la excusa de que le dolía la cabeza. Su madre lo entendería.

Mientras tanto, tenía que hablar con los asistentes y hacer ver que se lo estaba pasando bien, lo que no le resultaba fácil pues le dolía el rostro, le dolía sonreír y para hablar tenía que utilizar muchos músculos que también sentía doloridos. La falta de sueño, la exagerada dosis de analgésicos y un duro día de trabajo además del ataque de la noche anterior... Luna se dio cuenta de que el champán no le iba nada bien, así que pidió agua.

—Hola, Luna.

Al oír la voz de Matteo, Luna sintió que se le aceleraba el pulso, sonrió y se giró hacia él, hacia aquel hombre cuya presencia física tenía el poder de ponerla realmente nerviosa.

Matteo entrecerró los ojos al darse cuenta de que Luna estaba pálida y de que se había maquillado más que en otras ocasiones.

—¿Estás bien? —le preguntó.

—Sí —contestó ella.

—¿Qué ha pasado? —insistió Matteo.

—No quiero jugar contigo —contestó Luna.

—¿Te crees que lo que hay entre nosotros es un juego?

—No hay lugar para mí en tu vida personal.

—Te equivocas, claro que lo hay —le aseguró Matteo, tomándola de la mano y entrelazando sus dedos.

Luna sintió que el pulso se le aceleraba, pero, aun así, decidió que era mejor retirar la mano. Sin embargo Matteo debía de tener otra forma de ver las cosas y no se lo permitió.

—Por favor, no me hagas esto —le pidió Luna con lágrimas en los ojos.

—Has vuelto a recibir amenazas de tu ex prometido.

No había sido una pregunta, sino una observación afirmativa.

Luna no contestó.

—¿Me lo quieres contar?

—No.

—No tienes por qué pasar por esto tú sola.

—Si pido ayuda a alguien, lo único que voy a conseguir es empeorar la situación, créeme —contestó Luna.

El dolor de cabeza que llevaba todo el día amenazando con explotar había llegado a su punto más alto y Luna busco con la mirada a su madre para decirle que se iba a casa.

Cuando la vio, avanzó hacia ella sin darse cuenta de que Matteo la seguía. Cuando le dijo a Mónica que se iba a casa en taxi, Matteo se ofreció a llevarla y, por supuesto su madre le dio las gracias encantada. Luna no tenía opción, así que asintió y salió de la casa en compañía de Matteo, pero, nada más llegar a la calle, sacó su teléfono móvil del bolso y marcó un número.

Amor Protector [Adaptación/Lutteo]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora