Park Jimin y Min Yoongi son una pereja a la que todos aman, no sólo por ser tal para cuál, sino porque han superado cosas que nadie más podría.
Aunque a veces el amor no es tan fuerte y puede llegar a romperse, ellos demostrarán que a pesar de todo...
Inmediatamente después de que Yoongi salió del departamento de Jay se dirigió a una florería, además también compró unos chocolates y fue al departamento de Hoseok para tomar un baño y arreglarse, quería verse bien para Jimin.
Tomó dirección a su casa, teniendo en cuenta que tal vez ese no era uno de sus mejores planes, pero que, sin saberlo, sentía que era lo único que podría volver a unirlos. Suspiró. Tenía tiempo sin sentirse así. Tenía tiempo sin temblar por algo. Tenía tiempo sin demostrar con acciones lo que su boca no podía decir.
A cada paso que daba su cuerpo sentía más nervios, aferró su mano al tallo de las flores, miró su cuerpo y se preguntó si había algo mal en él, no físicamente, sino internamente, en el corazón, en el alma o, fuera de lo común, en el pensamiento, y levantó la mirada hacia la puerta.
Subió los peldaños casi imaginando cada acción que haría, cada palabra que diría y cada mirada y roce que le daría a Jimin en cuanto lo viera.
Se detuvo frente a la puerta, no quería abrir con su llave porque el motivo de tu visita era que el rubio abriera, así que, después de colocar en su antebrazo izquierdo, donde tenía las flores, los chocolates, elevó su mano, sin embargo no tocó. No porque no quisiera, tampoco porque se hubiese arrepentido, sino porque se heló al escuchar un grito.
—¡No! ¡Déjame! —No había dudas. La voz era de Jimin.
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Sin siquiera saber cómo, Jimin logró unir fuerzas suficientes para alejar a TaeMin de él, dando un golpe en el abdomen del castaño, y se alejó. Pero no pudo alejarse mucho antes de que nuevamente TaeMin lo tomara del brazo y lo tirase nuevamente a la cama, donde comenzó a besar nuevamente sus labios.
Jimin no sabía que hacer, cada vez que intentaba huir, el otro chico encontraba la manera de volver a atraparlo. Se sentía débil e incluso inútil, y mientras TaeMin besaba su cuello y se deshacía de la pijama del rubio, Jimin se repetía que debió haber sido más precavido, que sí ya sabía como era TaeMin debió haber tomado precauciones, pero no. El alma de Jimin era la más pura ¿Cómo podía pensar que una persona que algún día le había provocado suma felicidad ahora le quería dañar? Era tonto.
Las lágrimas empezaron a ser cuando el chico de traje comenzó a bajar el pantalón de Jimin con rudeza, y quiso gritar y correr.
—¡No! —gritó —¡Déjame! —pataleó, pero el chico de cabello con puntas rubias tomó las manos de Jimin y las sujetó con fuerza a sus costados, quedando entre las piernas del menor.
—Sé que lo quieres —susurró TaeMin —. Sé que me deseas de la misma manera que yo te deseo a ti. Solo relájate —dejó un beso en sus labios y descendió mientras las lágrimas de Jimin mojaban la almohada. Entonces cerró los ojos, sintiendo después la humedad de la lengua de TaeMin en cada beso, rogando internamente por que todo acabara rápidamente.
Después el calor que sentía sobre su cuerpo desapareció con rudeza y se permitió abrir los ojos.
Alguien golpeaba a TaeMin, sin embargo la oscuridad, y que el golpeador estaba de espaldas, no lograba descifrar quien le estaba dando su merecido al chico de traje.
Observó con detenimiento todo y después, sólo cuando volvió en sí, notó que el que estaba golpeando a TaeMin, era Yoongi.
Lloró, alejándose unos metros, encogiendo sus piernas hasta juntarlas a su pecho y, hundió su rostro en sus rodillas, sofocando los sollozos.
El sonido de los nudillos de Yoongi tenía frenesí insistente y rápido, parecía que era una máquina fuera de control, y así era, Yoongi estaba fuera de sí, estaba molesto, furioso, enojado, desprendiendo ira por cada poro de su piel.
El rostro de TaeMin ya era irreconocible, pero Yoongi sentía que merecía más por haber dañado a Jimin y por volver a intentar lastimarlo.
—Es suficiente —escuchó una voz a sus espaldas, débil, sin fuerza, pero no se detuvo —. Yoongi, déjalo —nuevamente la voz habló, pero no sentía que fuera así, quería que fuera más el merecido del castaño —. Déjalo, amor —sólo cuando escuchó eso, y el sollozo con que fue pronunciada la frase, fue que se detuvo. Volvió en sí mismo, notando en seguida el rostro deforme y la sangre en sus nudillos, además del hilo rojo que caía de la boca del tipo debajo de él. Bajó la mirada, y después buscó a Jimin.
Indefenso, se encontraba de rodillas a su lado, abrazándose a sí mismo mientras sollozaba.
–¿Te... —susurró Yoongi con la garganta cerrada, le era imposible hablar —¿Te lastimó? —Jimin negó —. Ven aquí, amor —tomó su hombro y atrajo el delicado cuerpo de Jimin contra suyo para abrazarlo. Temblaba, y estaba algo nervioso. Se sentía mal, y a la vez bien por haber golpeado a ese hombre, que lo único que hiso después de sufrir por escuchar el llanto del menor, fue comenzar a llorar también, pero sin que él menor lo notase —. Perdón —susurró.