Serendipia, Episodio IV: Retazos (2019)

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No sé cómo empezar,
me pasa muy a menudo,
intento no repetir la frase,
pero en el contenido redundo.

Tantas rimas de relleno,
tantos párrafos inconclusos,
errores deben haber cientos,
pero es mi terapia, no lo hago por curro.

Me importa poco si es trillado,
o si es tema adolescente.
Ahora soy un adulto;
y no ha cambiado en absoluto.

Horas de mal sueño, enajenado, sin vigor,
cautivo en el descontento de mi oriunda depresión.
Salgo, más que por goce; una obligación,
pálido como hoja en blanco, y perfumado a desolación.

Imagino que todo es mejor,
queriendo alivianar mi carga.
Pero no logro calmar el dolor
que trae consigo una existencia amarga.

Observo lo superflua que es mi vida,
tan insignificante y descolorida.
Busco darle un motivo de alegría a mi día,
no estar tan enojado o triste, pero es una entelequia.

Absurda, casi utópica, y es que tampoco
logro entender el porqué de las cosas.
¿Por qué la vida? ¿Por qué la muerte?
¿Para que conocerte sino podré verte?

¿Por qué las fronteras?
¿Por qué las naciones y las banderas?
¿Por qué la religión? ¿Por qué la iglesia?
¿Si existe Dios, por qué no alivia las penas?

Me decían que era todo poderoso,
pero les faltó decir que es ciego, mudo y sordo.
No tengo esperanza, ni la fe como guía,
soy un recipiente que almacena un alma herida.

Más que pensar en mi suicidio,
planeo mi destierro, morir en el exilio.
Así no habrá preocupaciones de un entierro,
y no quedarán vestigios de lo que fue mi encierro.

¿Y cuál es la razón de que mi ser esté tan triste?
no puedo responderte eso, mi sola conciencia aflige.
No queda más que caminar y caminar,
o quedarme parado y ver la vida pasar.

Que ya casi no me queda un pizca de amor propio,
que no valoro mi vida pero admiro la de otros.
Que mi autocuidado nuevamente es casi nulo,
que no puedo escribir esto sin que en la garganta se me haga un nudo.

Intento reparar mi alma fracturada,
pero las heridas solo se sienten, no se palman.
No encuentro ya que hacer para salir del agujero,
creo que solo cabo más, se presiente un mal agüero.

Dicen que todo tiempo pasado
fue mejor, pero yo no lo recuerdo.
Ya conozco el final de esto,
no me hagan largo el cuento.

Soy un bohemio, bebo tragos de soledad,
y me termino embriagando de melancolía.
Por eso tengo la certeza, de que si la felicidad
fuera sobriedad, compraría otra birra.

Poesía BastardaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora