Jean daba pequeños saltos sobre la entrepierna de Sebastián, el menor tenía las piernas alrededor de su cadera y él estaba sentado encima de una silla en su despacho.
—¡Ah Sebastián, ah! —logró articular el menor, sus manos con forma de garras se habían aferrado a los hombros del alfa y los usaba como soporte para seguir saltando sobre él.
Sebastián y Jean habían tenido muchos encuentros íntimos últimamente, estaban viviendo el auge de su relación sexual al máximo. Jean provocaba a Sebastián en cada oportunidad que tenía, el menor no podía evitar sentirse extremadamente seducido por el alfa.
—jean debería estar trabajando ¡Ah!
—¿Cómo puedes decir eso mientras me estas follando? ¡Solo muévete! —le dijo Jean moviéndose más rápido. El mayor sonrió complacido, su omega le estaba pidiendo más. Sebastián levantó a Jean y lo volteó sobre el escritorio dejando a la vista su trasero; Jean mordió su labio inferior y apretó la madera de la mesa casi vacia; previamente y mientras se quitaban la ropa habían tirado lápices y papeles a suelo. El alfa lo penetro de nuevo, Jean sintió como se llenaba otra vez su interior, soltó un jadeo por eso.
El menor empezó a gemir más fuerte sintiendo como era embestido, las manos del alfa recorrían toda la extensión de su cuerpo desnudo.
—¡Ah~¡ Sigue...
Sebastián obedeció por su placer y por el de su omega, tomó al menor de la cadera y repitió estocadas más rápidas.
Terminaron exhaustos. Se vistieron y Sebastián regaño al menor por gritar tan fuerte.
—No es mi culpa que seas tan rudo —le dijo Jean en defensa por sus alaridos.
—No es mi culpa que seas tan jodidamente sugerente.
—¿Sugerente cómo?
Sebastián se acercó a él y empezó a lamer su cuello mientras respondía: —Me sugieres tener sexo casi todo el tiempo —siguió bajando su lengua provocando gemidos bajos en Jean.
—Ja si, como si no te gustara —habló alejándose del mayor y robándole un beso. Siguieron así hasta que Jean decidió irse para dejar al alfa trabajar tranquilo.
***
—Sigo creyendo que deberias descansar.
—Estoy bien, no me va a pasar nada —Jean habló tranquilizando a Beatriz que se encontraba cocinando unos ricos pastelilos. Ambos estaban en la cocina.
Charlaron anímicamente durante varios minutos, el menor comió muchas galletas mientras hablaba y la mujer mayor parloteó todo el tiempo sobre las cosas que había hecho durante sus vacaciones previas. En la casa el tema del secuestro y de la pérdida de su bebé ya no se tocaban, había quedado en el olvido. Jean lo agradecía.
Cuando estaba engullendo algunas galletas con leche pudo divisar desde la ventana como un hombre intentaba colarse por la reja principal de la casa a lo lejos. No era cualquiera, era su padre. Jean abrió los ojos incrédulo, dejó la comida y rápidamente corrió hasta el despacho de Sebastián, le informó lo que estaba pasando y este salió junto a él hasta el encuentro con el que parecía ser su padre.
No se había equivocado.
Cuando salió afuera lo comprobó—¡Papá! —exclamó intentado acercarse, a su padre lo había detenido uno de los guardias—. ¡Sebastián por favor que lo suelten! —pidió, el mayor que estaba a su lado mirando todo, dio la orden y al instante lo soltaron dejándolo caer de rodillas frente a Jean.
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UN OMEGA ESPECIAL
Short StoryJean huyó de su casa cuando su padre intentó prostituirlo, lamentablemente cayó en manos de traficantes quienes no dudaron en ofrecerlo como mercancía fresca. Jean terminó expuesto en una subasta donde es encontrado por Sebastián, un alfa adinerado...
