Él era un machista, en una tribu donde se regía por sus leyes.
Él siempre estuvo ahí para joderme la existencia, y alejarme de todo.
Él siempre me dijo que iba a moldearme a su gusto, y yo tendría que aceptar.
Nunca me cansaré de decir que es un gra...
"Los nuevos comienzos a menudo se disfrazan de finales dolorosos." -Lao-Tse
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—Yo no me casaré con él—le grité a mi padre.
Él me agarró del brazo con fuerza, y me apunto con su dedo.
Estaba enojado.
—Maldición, ¡no me vuelvas a gritar!. Él ya pidió tu mano así que te casas con él porque es para lo único que sirves.—Termino de decir, como si fuera la última palabra y esperando a que yo lo asumiera, como todo en mi vida.
Machismo, en esta sociedad es lo que más abunda. Si los hombres deciden algo se respeta, sin importa la opinión de nosotras.
En mi casa no es distinto.
Mi papá nunca me ha querido, si alguna vez lo hizo solo fue para obtener algún beneficio de mi, y la única forma es casarme.
Por el contrario a mi hermano, por el simple hecho de ser hombre lo respeta y lo adora.
Miro a mi mamá buscando ayuda en ella, me mira y agacha su cabeza, no me ayudará, nunca lo hace.
Estoy desesperada.
—Por favor, papá—Me arrodillo. Mi orgullo y dignidad se van, haría lo que fuera para conservar la poquita libertad que tengo—Ese hombre no me quiere, solo quiere que sea su diversión.—Se me escapa un sollozo— él me hará miserable.—es mi último recurso. Suplicarle a mi padre.
No quiero casarme con ese imbécil.
—No sé que le hayas hecho a ese hombre, y tampoco me interesa qué pasará contigo después—me mira firme— él ofreció una buena dote y es mucho más de lo que esperaba. Nunca me van a dar más por ti de lo que él dió—Lo miro con lagrima en los ojos. Mi padre solo me ve como una maldita mercancía—Porque yo ya acepté y solo te estoy informando.—Lo odio, lo dió tanto—Mañana viene a verte, así que espero que se te pasen los berrinches.—Salió de la salada.
Me quedé ahí, arrodillada en el suelo con la cabeza baja. Llorando por mi, por mi destino.
Pensando que la vida es una hija de puta.
Si alguien supiera que hablo así me castigarían. Menos mal es lo único que no me pueden quitar.
Me levanto para irme a mi cuarto y veo a mi madre. Ella es buena, y me ama, pero no tanto para enfrentarse a mi padre.
Me está mirando triste.
Le doy un sonrisa como puedo para que no se preocupe.
A ella le toco el mismo destino que justo me acaban de imponer, sus padres la dieron en matrimonio a un hombre que no quería y tuvo que aceptarlo porque su padre así lo quiso.