Capítulo (20).

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SONREÍR.
"Usa tu sonrisa para cambiar el mundo y no dejes que el mundo cambie tu sonrisa."
-Frase anónima.

Estábamos llegando a la casa y Emirhan no había dicho ni una palabra de lo ocurrido, eso me ponía nerviosa, demasiado

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Estábamos llegando a la casa y Emirhan no había dicho ni una palabra de lo ocurrido, eso me ponía nerviosa, demasiado.

Era tan impredecible, pero no en el buen sentido de la palabra, todo lo contrario, me daba miedo como podía reaccionar ante todo esto.

Me da miedo porque sé que mal interpreto viéndome hablar con ese chico.

Sé que hará una locura y todas las locuras que hace Emirhan me perjudican a mi directamente.

Intente explicarle de camino a casa, pero el solo escuchaba, no me preguntaba.

Y eso me ponía más alerta.

Llegamos, estacionó el auto y bajo. Me quedé ahí, dentro del auto un momento, cerré los ojos y respiré. De pronto sentí como mi puerta era abierta.

—Vamos, mi amor. Vamos a comer tranquilos.—Me dio una sonrisa, que me causó escalofrío—Azzu no está, mi mamá se la llevo a casa porque mi tío no está en la ciudad. Estamos solo nosotros dos.—Me tendió la mano. Ese comportamiento tan calmado me ponía los pelos de punta.

Hubiese preferido que me gritase de camino a casa, en vez que se comporte como alguien tan perfecto.

Fue bastante aterrador comer con Emirhan, a veces me quedaba mirando sin decir nada, y me trató demasiado bien. Habíamos terminado de comer y él me tendió la mano para que nos vayamos juntos a la habitación. Como si me fuera a perder.
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Ya estábamos dentro de la habitación

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Ya estábamos dentro de la habitación.

Se acercó a mi, me sonrió y realmente no vi venir lo qué pasó a continuación.

Sentí como mi cuello era rodeado por su mano, sentí como dejaba de pasar aire a mis pulmones.

Puse mis manos encima de las suyas.

Esperaba gritos, pero no esto.

—¿Por qué solamente no eres mía? ¿Por qué ellos tienen el derecho a verte?, Absolutamente nadie además de mi debería tener ese privilegio, ¿cierto?.—sonrió en todo momento. Yo me estaba desesperando cada segundo más, así que solo atiné a sentir con mi cabeza. Soltó un poco su agarre pero no lo suficiente.—Espere tantos años para que fueras solamente mía, para que ninguno de esos hijos de puta te viera, y ahora que te he dado un poco de confianza ¿me pagas así?—me miró con ternura. Aflojo completamente el agarre de mi cuello, sin embargo no movió su mano. Tosí y busqué aire.

Mi Maldición.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora