Capítulo (2).

16.5K 799 126
                                        

PROMESA CUMPLIDA.

"Uno de los peores sentimientos del mundo es tener que dudar de algo que creías que era incuestionable."

-Anónimo

-Anónimo

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.


.
.
.

Llegamos a casa demasiado rápido, bueno, así lo sentí.

Cuando llegamos, Ozan le preguntó inmediatamente dónde se encontraba papá a nuestra madre, ella respondió que en su habitación.

Mi madre sabía que tenía algo que ver conmigo, porque me observo fijamente mientras le respondía a Ozan, negando con su cabeza.

¿Por qué todos piensan que siempre yo soy la culpable?.

Tenía miedo, y Ozan parecía desesperado en delatarme.

Me llevó de la mano hasta la habitación de nuestro padre, cómo si fuese a escaparme, ganas no me faltaban, pero no iba a hacerlo, a veces hasta yo le tenía respeto a la muerte.

Toco tres veces, y recibió un: "adelante" del señor que se hace llamar padre, al que le debo respeto absoluto por tratarme como la peor basura.

Entramos y mi padre se encontraba tendido leyendo algo. Agache mi cabeza sin pensarlo dos veces.

—Hijo, ¿Qué pasó?—dijo serenamente.

Yo sentía su mirada en mi. Jugar con mis dedos parecía realmente interesante en ese momento.

—Ayda tuvo un problema con Emirhan. La pillé conversando con él, sin su Hiyab.—Ozan acababa de soltar la bomba. Sin pelos en la lengua.

—¿Otra vez de puta, Aydan?—él suspiro pesadamente. Y se acercó a nosotros.

No me sorprendió como me llamo, en realidad, a veces me hace pensar que es mi segundo nombre.

Siempre he sido impulsiva, pero sabía cuando me convenía quedarme en silencio, no hacer ni decir nada, y si hablaba lo hacía con respeto absoluto. Esto era uno de esos casos.

—No es lo que crees, padre. Lo juro. Déjame explicarte.—Se lo dije muy bajo, pero fluido, odiaba tener que comportarme así de sumisa con él. Pero delante de él me sentía tan insegura.

—Tienes una oportunidad.—Dijo apretando su mandíbula.

Le intenté explicar lo mejor que pude lo que ocurrió con Emirhan, omitiendo algunos comentarios míos, y él solo negaba con la cabeza.

—Aydan, ¿por qué no agachaste la cabeza y pediste perdón?, siempre lo mismo contigo, excusas baratas, ¿por qué no amarraste bien tu hiyab?. Maldita sea, no haces absolutamente nada bien. Si su padre viene y reclama, si es necesario haré que tú le pidas perdón de rodillas.—Lo decía enojado.

Mi Maldición.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora