Él era un machista, en una tribu donde se regía por sus leyes.
Él siempre estuvo ahí para joderme la existencia, y alejarme de todo.
Él siempre me dijo que iba a moldearme a su gusto, y yo tendría que aceptar.
Nunca me cansaré de decir que es un gra...
"Me gusta tanto que no me gusta que le gustes a otras personas."
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. . . —Creo que te enteraste mal, porque lo que acabas de decir es mentira.—lo dije sin titubeos y un poco acelerado.
—Tengo pruebas Aydan, yo no hablo por hablar.—Él ya no sonreía, me miraba seriamente. Me tomó por el brazo, apretándolo fuerte. Mi boca se secó y mis ganas de correr aparecieron—Y juro por Dios, que si en nuestra noche de bodas no manchas esas sábanas, date por muerta a ti, y a tu amante.—Lo dijo con un odio visible en su voz.
Tenía miedo.
En nuestra tribu existen leyes tan machistas, tan injustas hacia la mujer, y una era la prueba de virginidad.
—Suéltame—Tiré de mi brazo para que me deje libre—Por favor. Duele.—me soltó lentamente sin dejar de verme.
—Estás advertida, Aydan. No creo que hayas deshonrado a tu familia por ese cretino.—Los ojos de Emirhan expresaban tanto en este momento, y a la vez nada.
Emirhan ya sabía de Azzad.
A mi se me revolvió más el estómago si eso era posible.
Azzad era un buen chico, no sé si el amor de mi vida pero era muy agradable estar con él, tan agradable que acepté ser su novia.
Bueno al principio era un grano en el trasero, como la mayoría de aquí, pero por cosas de la vida comenzamos hablar más y nos entendimos mejor de lo que creí.
—No tienes derecho a exigirme nada.—lo miré desafiante. Porque aún que tuviera miedo, no se lo iba a demostrar.
No iba a demostrar nada de lo que él provocaba en mi.
—Está prohibido tener algún tipo de relación antes del compromiso y lo sabes.—Me sonrió falsamente—Ahora soy tu prometido, puedo pedir prueba de tu virginidad mañana mismo si lo deseo. Déjate de estupideces y compórtate.—Lo dijo secamente.
Fruncí mi ceño, no me gustaba que me ordenasen ni que me hablasen así. A penas soportaba que mi progenitor lo haga, menos iba a soportar a cualquier otro que lo intentase.
Además tenía una rabia instaurada en mi mente ya que en algunas semanas— si no es menos tiempo— él tendría el completo control de mi vida.
No deseaba esto, ¿quién lo desearía?, pero no podía hacer absolutamente nada. Y si intentaba hacerlo, no solo arriesgaba mi vida, también la de mi familia.
—¿y sólo para amenazarme me trajiste aquí?—lo miré, estaba molesta.
De pronto me sonrió, como un niño sonríe cuando esta haciendo travesuras y sabe que no lo pillarán.