- ...y lo único que yo podía hacer era ver cómo se hundía más y más. Si en eso momento hubiera tenido delante a los que le maltrataron, ningún demonio podría haberles dado peor tortura – dijo Chris, moviendo las manos, como si quiera demostrar lo que habría hecho. Le estaba contando a Wyatt lo que había pasado el día anterior, cuando le llamó el director y tuvo que ir al centro.
- ¿Y qué le dijiste? – preguntó su hermano, que tenía interés por ver cómo lo había solucionado Christopher. Porque tenía que haberlo solucionado: si no, no estaría ahí de pie hablando con él tan tranquilo.
- Que le quería – respondió Chris, mucho más calmado de pronto. Le gustaba decirlo, le gustaba sentirlo, le gustaba haberse dado cuenta de ese sentimiento. Su orgullo y su amor paternal rezumaba sobre cada uno de los poros de su ser.
- Nenaza – dijo Wyatt, con una risita, aunque le entendía perfectamente y se alegraba por él.
- La envidia, que te carcome – le respondió Chris, y le sacó la lengua. Después, los dos hermanos rieron al darse cuenta de que ese aspecto de su relación no había cambiado, aunque ya no fueran niños.
- ¿De qué os reís? – preguntó Leo, entrando en la habitación frotándose los ojos. Se acaba de despertar. Ni siquiera preguntó qué hacía allí su tío: como solían decir, estaban solo a una órbita de distancia, así que era frecuente verle por allí, aunque solo fuera un ratito.
- De ti, enano – respondió Wyatt, y le cogió en brazos. - ¿Quieres desayunar?
- ¿Eso no debería preguntarlo él? – dijo Leo, señalando a su padre.
- Oye, que yo sé servir un vaso de leche también. Además, esta es como mi casa.
- Esta es tu casa, ya lo sabes – le dijo Chris. Aquella era la casa Haliwell. Había sido Chris quien se la había quedado, pero en su momento había insistido en que vivieran todos juntos. Eran, sin embargo, muchas personas, cada uno con su familia, y como varios de ellos podían orbitar, en realidad era como si vivieran juntos.
- ¿Lo ves? Ya has hecho que se ponga ñoño – le dijo Wyatt a Leo. El niño rió, y Chris rodó los ojos. Era como juntar el hambre con las ganas de comer.
Desayunaron los tres juntos, aunque Wyatt confesó que aquel era su segundo desayuno. Y, si se pasaba por casa de Melinda, tal vez tuviera un tercero. Chris les metió un poco de prisa, porque tenía que llevar a Leo al colegio.
- ¡Papi! – exclamó Leo de pronto.
- ¿Qué?
- ¿Es que Nick y Peter no van a ir al cole?
- Sí, campeón. Van a ir a tu colegio. Ya les he matriculado – le tranquilizó Chris, aunque para sus adentros se preguntaba cómo llevarían los chicos el cambiar las clases a las que asistían en el centro por un colegio normal.
-
Llegó el día. Chris estaba demasiado nervioso para comer, demasiado nervioso para vestirse, demasiado nervioso para recordar que el coche no arrancaba si no metías la llave dentro. Por fin, iba a traer a Peter y a Nick a casa.
- ¿Por qué vamos en coche? – preguntó Leo, que se había empeñado en ir con él.
- Ellos aun no saben... nuestro secreto. No creo que el mejor modo de decirles que somos brujos sea haciéndoles orbitar.
- Es una pena que ellos no tengan magia – comentó el niño, cayendo de pronto en ese detalle.
- Cada uno es como es. Tu abuela creció sin magia, porque su abuela ató sus poderes. Cuando descubrió que era una bruja, no le gustó la idea.
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Formando una familia [FANFIC DE EMBRUJADAS]
FantastikChristopher Halliwell , el hijo mediano de Piper Halliwell, intenta superar la muerte de su esposa y llevar una vida normal con su hijo Leo. Todo empieza a cambiar cuando decide ser padre por segunda vez y las cosas no salen exactamente como lo habí...