◖ —19
Pureza
デエ宇 ◗
❝ Tienes que entender que a quien maté es a mi,
cambiando quien era por lo que tu querías que sea.
Seguí tu dirección,
hice todo lo que me dijiste
Espero que eso te haya hecho feliz
porque no tengo vuelta atrás.❞
Némesis despertó cuando el mundo pareció detenerse por un instante. No había balanceo, no había sacudidas. Solo quietud. Con un gruñido bajo y cargado de pereza, abrió los ojos, encontrándose con una oscuridad casi absoluta. Aun así, un fino rayo de luz se colaba tímidamente entre las costuras mal cerradas de la gigantesca bolsa de Diane, como una promesa débil de que el mundo seguía existiendo fuera de allí.
Se frotó los ojos azulados, pesados, ardientes por el cansancio, y se incorporó apenas, apoyándose en los codos. Una mueca de fastidio se dibujó en su rostro, el ceño fruncido, mientras los recuerdos regresaban uno a uno, crueles y claros. Recordó por qué estaba ahí. Recordó su estado, su ropa hecha trizas, su cuerpo maltrecho.
Lo que no recordaba era a Elizabeth.
Al notar otra presencia, giró lentamente el rostro. Sus ojos tardaron unos segundos en acostumbrarse a la penumbra, pero ahí estaba ella. Demasiado quieta. Demasiado pálida. Y herida... mucho más de lo que Némesis había imaginado.
La observó en silencio, durante largos segundos, con una expresión ilegible.
Elizabeth parecía sacada de un sueño delicado: piel de porcelana intacta incluso en la penumbra, cabello lacio y suave cayendo como un velo claro, un cuerpo armonioso, casi irreal. Hermosa sin esfuerzo, incluso rota.
Némesis tragó saliva.
Ella, en cambio, era todo lo opuesto. Pecas marrones dispersas en su rostro, cicatrices que contaban historias que nadie pidió escuchar. Su cabello, una masa rizada, espesa, rebelde, de un negro apagado que nunca obedecía, y al que honestamente ya no tenía energía para domar. Y su cuerpo... bueno, eso era otro asunto. Uno que prefería no pensar demasiado.
Aunque, siendo justa consigo misma, no era algo que la desvelara por las noches.
De eso ya tenía suficiente.
Suspiró hondo y, con algo de esfuerzo, logró sentarse, apoyándose contra un gran trozo de tela rasgada, tan oscura que se perdía en la negrura de la bolsa. Se rascó distraídamente la mejilla, pensativa, y luego llevó las manos a la tela. Tiró de ella con paciencia, rompiéndola en pedazos largos y útiles. Con esos fragmentos y algunas vendas arrancadas de su propio cuerpo, improvisó una especie de camisa tosca que le cubría apenas hasta un poco más arriba de las rodillas.
Mejor que nada.
Se puso de pie con cuidado, pero un mareo repentino la obligó a tambalearse. Negó con la cabeza, apretando los dientes, y apoyó una mano en las "paredes" de tela de la bolsa hasta recuperar el equilibrio. Avanzó con pasos lentos, pasando por encima de Elizabeth, pero se detuvo al ver algo familiar cerca de ella: un pequeño estuche de tela unido a un cinturón oscuro.
Recordaba claramente el momento en que lo vio caer, destrozado.
Lo recogió con cuidado, como si temiera que se deshiciera entre sus dedos. Lo examinó, le dio un par de vueltas, y finalmente se lo colocó alrededor de la cadera. Abrió el estuche y, al ver el brillo del metal, sintió un alivio casi físico. Su daga. Intacta. Viva.
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◖ 𝘚𝘐𝘕𝘕𝘌𝘙 ◗ - 𝙉𝙖𝙣𝙖𝙩𝙨𝙪 𝙉𝙤 𝙏𝙖𝙞𝙯𝙖𝙞 -
Fanfiction𝑺𝑰𝑵𝑵𝑬𝑹 ┆❛ 𝙏𝙚𝙣í𝙖 𝙡𝙤𝙨 𝙤𝙟𝙤𝙨 𝙘𝙤𝙢𝙤 𝙡𝙖 𝙡𝙡𝙪𝙫𝙞𝙖, 𝙚𝙡 𝙥𝙚𝙡𝙤 𝙘𝙤𝙢𝙤 𝙤𝙣𝙙𝙖𝙨 𝙮 𝙪𝙣 𝙖𝙡𝙢𝙖 𝙩𝙖𝙣 𝙫𝙖𝙨𝙩𝙖 𝙮 𝙥𝙧𝙤𝙛𝙪𝙣𝙙𝙖 𝙘𝙤𝙢𝙤 𝙚𝙡 𝙤𝙘é𝙖𝙣𝙤. . . 𝙎𝙪𝙥𝙤𝙣𝙜𝙤 𝙦𝙪𝙚 𝙥𝙤𝙧 𝙚𝙨𝙤 𝙩𝙚𝙣𝙞𝙖 𝙚𝙡 𝙘𝙤𝙧�...
