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Esta historia...
Tiene lugar en un pasado distante donde la línea entre los humanos y los no-humanos era casi imperceptible.

Como defensores del Reino, Los Caballeros Sagrados poseen extraordinarios poderes mágicos que provocan en el pueblo tanto respeto como miedo.

Entre ellos, hubo un grupo que traicionó al Reino y se convirtió en el enemigo del resto de Caballeros Sagrados.

A este grupo se le conoce como:

Los Siete Pecados Capitales.

Harán que tengas miedo para levantarte un muro
Lo damos todo y nos tratan como a payasos.

Dicen: "Morirás de Sed"

Mientras se beben lo que hay en tu vaso.

– Entonces... ¿2 chicos sacaron la espada?–

El Caballero que caminaba detrás de él se exaltó, y con nerviosismo contestó– Los Soldados que los vieron debieron haberlo imaginado...– Hizo una pequeña pausa, colocando su casco– Debieron haber sido unos fenómenos...–

Gilthunder, sin dejar de caminar, le dirigió una vacía mirada por encima de su hombro. Sus metálicos pasos resonaban en las paredes de piedra.– ¿Estas sugiriendo que unos "Fenómenos", sacaron la espada de un Caballero Sagrado?–

El Caballero tembló, tragando saliva sonoramente– ¡No Señor!– Exclamó agudamente– No después de todo, pero...–

– Lo veré por mi mismo si son o no unos Fenómenos– Lo corto– Dame la Distancia y Dirección hasta Bernia.–

– Desde este cuartel... Son 4 en Punto Sudeste, 7'3 Millas...– Informó, levantando el protector de su casco– ¿Piensa salir al pueblo?–

– Así es.– Con los ojos cerrados, contestó con una calma y frialdad que congeló la sangre del hombre. Se acercó hacia otro Caballero que portaba una lanza, levantó la mano– Tu lanza, ¿Puedo tomarla?–

Gilthunder la tomó después del asentimiento del Caballero, dándole una vuelta entre sus manos, se dirigió a un ventanal abierto, que dejaba ver todo el cielo nocturno y colocando la lanza por encima de su hombro, sus ojos chispearon y con ellos, fuertes y luminosos rayos rodearon la Lanza.

Dio un paso atrás, tomando impulso, y con una fuerza sobrehumana, lanzo la Lanza hacia el oscuro cielo negro

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Dio un paso atrás, tomando impulso, y con una fuerza sobrehumana, lanzo la Lanza hacia el oscuro cielo negro.

—Estás muy habladora hoy, ¿te diste cuenta? —comentó con un deje burlón—

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—Estás muy habladora hoy, ¿te diste cuenta? —comentó con un deje burlón—. ¿Estás enferma o algo?

Apoyado contra la pared, Meliodas no apartó la mirada de ella ni un solo segundo. Observaba cada uno de sus movimientos con atención silenciosa: cómo su cabello, excesivamente largo, se balanceaba de un lado a otro al caminar, enredándose torpemente con cada paso; cómo caía sin orden alguno por su espalda y se deslizaba sobre su rostro, ocultándolo a medias. Las puntas rizadas siempre se rebelaban, escapando hacia fuera en todas direcciones, como si se negaran a obedecer cualquier intento de control.

Y es que ella nunca, nunca se peinaba.

Los ojos de hielo de Némesis se dirigieron al espejo. Se giró, dándole la espalda al rubio, y lo abrió con un gesto automático. Detrás del cristal se escondía un pequeño armario de madera oscura. De su interior sacó varias vendas y distintos botes de pastillas.

Los recipientes eran casi opacos, de un material blanquecino que brillaba suavemente bajo la luz, dejando ver apenas las sombras difusas de las pastillas en su interior. Los sostuvo entre los dedos, girándolos distraídamente, como si pesaran más de lo que aparentaban. Luego extrajo también un pequeño maletín y un tubo de crema, dejándolos sobre el lavabo.

Concentrada, tomó el vaso vacío de cristal que descansaba sobre la cerámica y lo llenó con agua del grifo. El sonido del chorro rompió el silencio durante unos segundos antes de que lo colocara de nuevo en su sitio. De uno de los botes sacó dos pastillas de un tono blanco amarillento; del otro, una azulada y una completamente blanca. Las dejó reposar en la palma de su mano.

Meliodas sonrió apenas al verla llevarse una de las pastillas amarillentas directamente a la boca, sin agua, como si quisiera terminar con aquello cuanto antes.

—Me alegra que sigas tomando la medicación que te recetó Merlin —dijo con total sinceridad, acercándose un poco más—.

Apoyó el hombro contra la pared, quedando a su lado, observando el perfil de su compañera. Némesis había cerrado los ojos y apretaba con cierta fuerza la cerámica del lavabo, como si necesitara aferrarse a algo.

La pastilla era asquerosa. Amarga, casi incomible. Le provocaba arcadas cada vez que la tomaba y, aun así, día tras día, no fallaba. Aunque odiara los medicamentos, aunque su cuerpo los rechazara.

Era una de las muchas razones por las que él pensaba que esa mujer era increíble.

—Cuando la encontremos, le pediré que te haga una revisión... ¿sí? —añadió con suavidad.

Ella se limitó a encogerse de hombros, pero Meliodas notó el leve fruncimiento de su ceño y la tensión marcada en su mandíbula. Con una mano recogió el resto de las pastillas; con la otra tanteó a ciegas buscando el vaso de agua, manteniendo la cabeza inclinada hacia el fregadero. No sería la primera vez que vomitaba la medicación... ni la primera que tendría que volver a tomarla.

Sus dedos recorrieron la cerámica sin encontrar nada.

Meliodas tomó el vaso y se lo pasó. Ella lo recibió con un breve asentimiento, sin mirarlo.
Némesis asintió, haciendo una pequeña mueca con los labios. Alzó la cabeza y se miró en el espejo. Una palidez tenue comenzaba a marcar sus labios y la piel bajo sus ojos; su tono se enfriaba con rapidez. La pastilla ya estaba haciendo efecto.

Silencio.

Ella bajó la mirada hacia su mano, donde descansaban las pastillas de distintos colores. Su mente estaba lejos, perdida en algún punto al que nadie más podía acceder. Finalmente, Némesis levantó la mano y se llevó las pastillas a la boca. Con un trago de agua, las dejó caer por su garganta.

Soltó un pequeño gruñido de molestia.

Bajó la cabeza y volvió a apoyar ambas manos sobre la cerámica del lavamanos. Su cuerpo se sacudió levemente. Cerró los ojos con fuerza y apretó aún más la superficie blanca, como si resistiera algo invisible que le recorría por dentro.

Meliodas le acarició levemente la espalda.

◖ 𝘚𝘐𝘕𝘕𝘌𝘙 ◗ - 𝙉𝙖𝙣𝙖𝙩𝙨𝙪 𝙉𝙤 𝙏𝙖𝙞𝙯𝙖𝙞 -Donde viven las historias. Descúbrelo ahora