◖ Esta historia... Tiene lugar en un pasado distante donde la línea entre los humanos y los no-humanos era casi imperceptible.
Como defensores del Reino, Los Caballeros Sagrados poseen extraordinarios poderes mágicos que provocan en el pueblo tanto respeto como miedo.
Entre ellos, hubo un grupo que traicionó al Reino y se convirtió en el enemigo del resto de Caballeros Sagrados.
A este grupo se le conoce como:
Los Siete Pecados Capitales. ◗
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❝ Golpéame. Hazlo, Porque se que es la única manera para que no le hagas daño. Cada vez que maldices mi nombre sé que es para satisfacerte al escucharme sollozar, pero eso no va a suceder. Noquéame, patéame cuando esté sobre el suelo... Solamente te decepcionaras al no escuchar mis gritos de dolor.❞
- La razón por la que estoy buscando a los Siete Pecados Capitales y su acompañante es para detener a los Caballeros Sagrados.-
Némesis fruncio levemente el ceño, guardando sus manos en los bolsillos de su pantalón y haciendo un movimiento de cabeza para apartar un mechón que había caído en su nariz. Meliodas se limitó a observar en silencio a la joven albina.
- Me habéis ayudado muchas veces... Jamás olvidaré esta deuda.- Murmuro con una voz afligida, dándole la espalda a ambos compañeros para mirar las vistas desde el acantilado donde estaban.
Hawk soltó todo el aire por su nariz- ¿Los Caballeros Sagrados no son Los Caballeros entre Caballeros que protegen Britannia?- Cuestionó- Son héroes, ¿no?-
- ¿Y si ellos deciden declarar la guerra a Britannia?- Todos se exaltaron pero no dijeron nada- Un par de días atrás... Debido al golpe de Estado organizado por los Caballeros Sagrados, el Rey fue capturado.- Explicó- El Reino ha caído esencialmente en las manos de los Caballeros Sagrados, y tienen el propósito de comenzar una guerra, ellos han forzado a reclutar personas de las ciudades y pueblos alrededor del Reino. Los hombres son entrenados como soldados, las mujeres y los niños estan para almacenar comida, y los ancianos están para construir los muros del Castillo.- Se formó un corto y profundo silencio-... No tienen misericordia, aquellos que se oponen a ellos son...- Cerro los ojos con fuerza, intentando olvidar las imágenes que se algomeraban en sus retinas.- ...Además, los efectos de sus acciones van a afectar a esta región también.-
Meliodas dejó escapar un silbido bajo, corto. —Eso suena bastante mal... —murmuró.
Sus ojos se alzaron hacia la joven de mirada gélida, pero lo que encontró en ella fue, como siempre, un vacío inquietante. No había rastro alguno de emoción: ni miedo, ni preocupación, ni siquiera una chispa de duda. Nada. Absolutamente nada. Su expresión era tan lisa y fría como un lago congelado, uno en el que no se reflejaba ni el cielo ni el infierno. Era como si estuviera allí solo en cuerpo, como si su interior estuviera hueco. Y aunque aquella ausencia no le resultaba nueva, no dejaba de perturbarlo. Desde mucho antes, desde los días en que todos los Pecados aún permanecían unidos, incluso antes del llamado "intento de derrocamiento", Némesis ya era así. Demasiado callada. Demasiado distante. No hablaba, no reaccionaba, ni siquiera cuando la situación exigía palabras para salvar la vida. El silencio parecía no ser una elección, sino su naturaleza misma. Némesis no caminaba entre ellos como una persona común, sino como una sombra. Como un fantasma que observaba desde el borde de la existencia, presente pero inalcanzable, envuelta en un mutismo tan profundo que resultaba imposible saber si sentía... o si alguna vez había sentido algo en absoluto.