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27 —
Blåögd djävul. 
と演か

Ese es el precio a pagar
Deje atrás mi dolor de corazón,
lo deseché.
Solo otro producto innecesario.
Mejor ser el cazador que la presa.
Y estoy en el borde, mirando hacia abajo.

Un corazón palpitante de piedra
Tienes que ser tan frío
Para poder sobrevivir en este mundo.

Sí, soy un error
Viviendo una vida feroz
Tienes que ser tan frío
Sí, soy un error.


Némesis y Ban giraron la cabeza al mismo tiempo hacia el lado izquierdo de la inmóvil madre de Hawk, como si una cuerda invisible hubiera tirado de ambos en perfecta sincronía. No fue casualidad ni reflejo tardío; fue instinto compartido, nacido de demasiadas batallas vividas.

El ceño de la azabache se frunció de inmediato.

Sus oídos, mucho más agudos de lo que cualquiera imaginaría, captaron un sonido que no pertenecía al paisaje natural: un silbido fino, agudo, que rasgaba el aire con velocidad creciente. No era viento. El viento no tenía intención. Aquello sí.

Algo se acercaba.

Y lo hacía con una rapidez inhumana.

Sus ojos azul hielo se deslizaron hacia Ban. Él ya la estaba mirando. No necesitaron palabras. La sonrisa del albino se ensanchó lentamente, dejando ver sus colmillos afilados.

—Esto se va a poner bueno, capitana~ —murmuró con evidente entusiasmo.

El silbido se convirtió en estruendo.

Antes siquiera de que alguien pudiera parpadear, una masa oscura atravesó el aire con tal velocidad que generó violentas ráfagas alrededor. El viento azotó la taberna, levantó polvo, sacudió ropas y cabellos. Diane se tensó, Elizabeth dio un paso atrás, Hawk chilló.

Durante un segundo todo fue caos y presión.
Luego, el aire se estabilizó.

Némesis llevó una mano a su cabello, apartando los mechones negros que le cubrían la visión. Sus ojos recorrieron el terreno con rapidez analítica.

Las armaduras de los Caballeros Sagrados estaban esparcidas por el suelo.

Vacías.
Abolladas.

Retorcidas como si hubieran sido arrancadas de sus dueños sin esfuerzo alguno.

Pero los hombres... no estaban.

—Oh... —fue lo único que salió de sus labios.

Frente a la madre de Hawk, ocupando el espacio donde antes se alzaban los Caballeros, se erguía una criatura colosal.

Un sabueso negro.

Su pelaje era oscuro como la noche más cerrada, pero no opaco: parecía absorber la luz en lugar de reflejarla. Sus ojos, profundos y sin brillo humano, observaban con una inteligencia inquietante. De su hocico salía un vapor tenue con cada respiración, y el suelo bajo sus patas parecía resentirse por su peso.

◖ 𝘚𝘐𝘕𝘕𝘌𝘙 ◗ - 𝙉𝙖𝙣𝙖𝙩𝙨𝙪 𝙉𝙤 𝙏𝙖𝙞𝙯𝙖𝙞 -Donde viven las historias. Descúbrelo ahora