33 —
Aquel día de primavera.
ポゾ遺ボ
Meliodas recordaba aquel día como si perteneciera a otra vida.
Un día en el que no existían maldiciones, ni destinos entrelazados con sangre. Un día anterior a Elizabeth Liones, anterior a las guerras que aún no habían despertado, anterior al peso insoportable de los pasados y futuros que terminarían aplastándolos.
Era primavera en Britania.
Las hojas caían en tonos dorados y rojizos, girando lentamente antes de tocar el suelo cubierto de hierba fresca. El sol atravesaba las copas de los árboles, pintando el bosque de luces cálidas y sombras suaves. El aire era puro. Limpio. Vivo.
Solo se escuchaban sus pasos.
Los de él.
Y los de Némesis.
Habían parado cerca de una pequeña aldea para cazar algo de comida, pero hacía rato que ninguno pensaba en eso. Caminaban sin prisa, dejando que el bosque los envolviera.
Meliodas caminaba unos pasos detrás.
Observaba.
El cabello azabache de ella se balanceaba con cada paso silencioso, largo, seguro. La brisa lo levantaba y lo dejaba caer como una marea oscura. Su postura era recta, firme, casi intimidante. Había algo en la forma en que avanzaba que decía no me toques, no me sigas, no me subestimes.
Su camisa gris se moldeaba a su cuerpo cuando el viento soplaba con más fuerza. Los pantalones oscuros marcaban unas piernas fuertes y delgadas, entrenadas para resistir. Sus dedos vendados descansaban cruzados detrás de la espalda, como si siempre estuviera conteniendo algo.
Sin duda...
Esa azabache había llamado su atención.
No sabía exactamente cuándo había ocurrido. Ni cómo.
Solo sabía que cuando estaba con ella... el ruido del mundo desaparecía. Podía hablar de cualquier cosa. Aunque pareciera que no escuchaba, siempre respondía. Siempre analizaba. Siempre estaba presente.
Tal vez lo que le intrigaba era eso.
Era tan... ella.
Silenciosa. Analítica. Orgullosa. Con un carácter afilado, pero extrañamente familiar.
Y en algún rincón minúsculo, casi traicionero de su mente...
Había algo en ella que le recordaba a Liz.
No el cabello. No los ojos. No la forma del rostro.
Pero algo. Una sensación.
— Vamos, rubio. No te quedes atrás.—
Su voz lo arrancó de sus pensamientos.
Ella lo miraba por encima del hombro. En aquel entonces, sus ojos azules eran casi transparentes bajo la luz del sol. No había tormentas en ellos. Solo calma.
Meliodas sonrió con falsa inocencia y aceleró el paso hasta colocarse a su lado. Se llevó las manos a la nuca, respirando hondo el aire fresco.
— Esto me recuerda a... —murmuró ella.
Él la miró de reojo.
—¿A?—
Némesis guardó silencio. Largo. Denso.
— Ese día.—
La sorpresa lo atravesó primero.
Luego, un silencio cómodo se asentó entre ambos.
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◖ 𝘚𝘐𝘕𝘕𝘌𝘙 ◗ - 𝙉𝙖𝙣𝙖𝙩𝙨𝙪 𝙉𝙤 𝙏𝙖𝙞𝙯𝙖𝙞 -
Fanfic𝑺𝑰𝑵𝑵𝑬𝑹 ┆❛ 𝙏𝙚𝙣í𝙖 𝙡𝙤𝙨 𝙤𝙟𝙤𝙨 𝙘𝙤𝙢𝙤 𝙡𝙖 𝙡𝙡𝙪𝙫𝙞𝙖, 𝙚𝙡 𝙥𝙚𝙡𝙤 𝙘𝙤𝙢𝙤 𝙤𝙣𝙙𝙖𝙨 𝙮 𝙪𝙣 𝙖𝙡𝙢𝙖 𝙩𝙖𝙣 𝙫𝙖𝙨𝙩𝙖 𝙮 𝙥𝙧𝙤𝙛𝙪𝙣𝙙𝙖 𝙘𝙤𝙢𝙤 𝙚𝙡 𝙤𝙘é𝙖𝙣𝙤. . . 𝙎𝙪𝙥𝙤𝙣𝙜𝙤 𝙦𝙪𝙚 𝙥𝙤𝙧 𝙚𝙨𝙤 𝙩𝙚𝙣𝙞𝙖 𝙚𝙡 𝙘𝙤𝙧�...
