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26—
ögnare. 
温延謁

Ella se queda despierta todas las noches y se pregunta qué va ha matarla esta vez.

No es lindo, la están torturando.

Ella está atrapada en los dedos de un niño como si él estuviera pescando con una red.
Lo peor de estar encadenado es saber que es algo de lo que te vas a arrepentir.

Ella sopla anillos de humo y desea que sean sogas.
Ella ha hecho todo lo que le dijeron y todavía no se siente viva.

Némesis dejó escapar el aire lentamente por la nariz mientras se incorporaba, como si con aquel gesto intentara expulsar no solo el cansancio físico, sino también el peso invisible que arrastraba desde la noche anterior. Entre sus manos vendadas sostenía un antiguo mapa enrollado, el pergamino amarillento marcado por pliegues, esquinas desgastadas y pequeñas manchas que delataban años de uso. No era solo un mapa: era una herramienta de supervivencia, una guía silenciosa en medio del caos que comenzaba a gestarse alrededor de ellos.

Había dormido poco. O, mejor dicho, había intentado dormir. Cada vez que el sueño lograba arrastrarla unos minutos, algo la empujaba de vuelta a la vigilia: imágenes fragmentadas, voces distantes, sensaciones que no tenían forma clara pero sí un peso insoportable. Al final, el descanso la había dejado más exhausta que una semana entera de marcha continua. Por eso, cuando pasó una mano por su cabello oscuro para apartarlo hacia atrás, el gesto no fue solo práctico, sino también una forma inconsciente de despejar su mente antes de concentrarse en lo que realmente importaba.

Al girarse, sus ojos se posaron en dos figuras sentadas entre las mesas del bar aún tranquilo: una cabeza rubia inclinada hacia adelante y otra albina recostada con aparente despreocupación. Meliodas y Ban conversaban en voz baja, aunque ambos levantaron la vista casi al unísono cuando sintieron su presencia acercarse. Némesis caminó hacia ellos con pasos silenciosos, seguros, como si el suelo apenas se atreviera a crujir bajo su peso.

Al llegar a la mesa circular de madera, desenrolló el mapa con un movimiento firme. El pergamino se extendió con un leve sonido áspero, y ella apoyó ambas manos en los bordes, inclinándose ligeramente hacia delante y dejando caer parte de su peso en los brazos. Durante un largo minuto no habló. Sus ojos azul hielo recorrían el dibujo con una velocidad y precisión asombrosas, situándose mentalmente en el terreno en cuestión de segundos, recordando rutas, desniveles, distancias y posibles puntos de vigilancia.

—Ahora mismo estamos aquí —dijo finalmente, señalando con la yema vendada del dedo una zona al norte—, en la montaña hacia el este de Dalmary.

Su voz sonaba suave, pero no débil; pese al cansancio, mantenía esa firmeza tranquila que imponía atención sin necesidad de elevar el tono. Alzó la mirada para asegurarse de que ambos la seguían, y luego desplazó el dedo hacia la derecha hasta detenerlo sobre un pequeño dibujo rotulado como "Aldea Canes".

—Y aquí fue donde la princesita nos encontró.

Ban dejó escapar una leve sonrisa divertida ante el apodo, mientras Meliodas se cruzaba de brazos con expresión reflexiva. Némesis, absorta en el mapa, llevó la mano a su cabello y apartó un mechón detrás de su oreja. El gesto, aparentemente trivial, dejó al descubierto una cicatriz que hasta ese momento había pasado desapercibida para ambos: una marca color café que nacía en la parte superior de su oreja derecha y descendía en una línea irregular hasta casi rozar su ceja.

◖ 𝘚𝘐𝘕𝘕𝘌𝘙 ◗ - 𝙉𝙖𝙣𝙖𝙩𝙨𝙪 𝙉𝙤 𝙏𝙖𝙞𝙯𝙖𝙞 -Donde viven las historias. Descúbrelo ahora