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El Pecado de la Pereza 
らび応殴陰


—¡No entiendo por qué te llaman "acompañante", Capitana!

La voz de Diane vibró con un deje infantil que contrastaba con el temblor del suelo bajo sus pasos. La gigante caminaba junto a la enorme forma de la madre de Hawk, mientras el paisaje se deslizaba en movimiento constante a su alrededor. El viento cálido despeinaba el cabello oscuro de Némesis, que observaba el horizonte con una serenidad casi ausente.

—¡Eres nuestra Capitana junto a Meliodas! ¡No deberían llamarte acompañante!

Aquello sí logró que la azabache girara el rostro. Diane tenía un puchero marcado en su expresión, los ojos brillantes de indignación sincera.

Némesis guardó silencio unos segundos.

Ya sabía que esa pregunta llegaría tarde o temprano. De hecho, le sorprendía que hubieran tardado tanto.

Sus manos, apoyadas sobre sus piernas cruzadas, se movieron apenas. Sus brazos vendados se cerraron alrededor de sí misma en un gesto casi imperceptible, como si el frío le hubiese rozado la piel. Debería cambiar esas vendas esa noche, pensó.

—Pero eso es lo que soy, Diane —respondió con su voz apagada, suave como el murmullo del viento.

Parpadeó lentamente, dejando que la brisa meciera sus cabellos oscuros.

—No soy un Pecado... pero tampoco soy alguien buena. —Sus ojos se perdieron un instante en la distancia—. Solo soy una acompañante. Estoy... y a veces no. Si no estuviera, nada cambiaría.—

El silencio que siguió fue breve.

—¿¡Cómo que no!? —Diane dio un pequeño zapatazo que hizo vibrar el terreno—. ¡Sin ti nada sería lo mismo, Capitana!—

Némesis la observó en completo silencio. Durante varios segundos. Sin juicio. Sin emoción visible.

Luego cerró los ojos.
Suspiró.
Y se levantó con cierta pesadez mientras la gigante continuaba su protesta.

—¿A-A dónde vas?—

La azabache respondió únicamente con un leve encogimiento de hombros.

Entró en la taberna.

La pequeña campanilla sobre la puerta tintineó suavemente al cerrarse tras ella. El aroma a madera, cerveza y comida caliente la envolvió. Se llevó un rebelde mechón rizado detrás de la oreja derecha, con la mirada fija en el suelo.

—¿Todo bien, Ésis?

La voz de Meliodas la tomó ligeramente por sorpresa.

Alzó la vista.

Él estaba sentado junto a una ventana, la luz bañando su cabello rubio. Sostenía una jarra de cerveza y en su rostro descansaba esa sonrisa tranquila que parecía no pesarle nunca.

Sus miradas se encontraron.

Y algo en el pecho de Némesis se aflojó.

—Escuché bastante ruido afuera. ¿Pasó algo?—

Ella negó suavemente con la cabeza y caminó hasta sentarse frente a él. Sin ceremonia alguna, dejó caer la cabeza sobre la mesa de madera, extendiendo su cabello negro como un manto sobre la superficie.

Meliodas soltó una risa baja.

El silencio que compartieron no era incómodo. Era cálido.

◖ 𝘚𝘐𝘕𝘕𝘌𝘙 ◗ - 𝙉𝙖𝙣𝙖𝙩𝙨𝙪 𝙉𝙤 𝙏𝙖𝙞𝙯𝙖𝙞 -Donde viven las historias. Descúbrelo ahora