◖ Esta historia... Tiene lugar en un pasado distante donde la línea entre los humanos y los no-humanos era casi imperceptible.
Como defensores del Reino, Los Caballeros Sagrados poseen extraordinarios poderes mágicos que provocan en el pueblo tanto respeto como miedo.
Entre ellos, hubo un grupo que traicionó al Reino y se convirtió en el enemigo del resto de Caballeros Sagrados.
A este grupo se le conoce como:
Los Siete Pecados Capitales. ◗
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❝ "Los mataré si no lo afirmas" Él dice, " Te estaré vigilando. "
No mires atrás No mires atrás Es una trampa
Golpe en la muñeca, estás muerta. Golpe en la muñeca, te comió el corazón. Un hueco en las costillas y luego una patada en la cabeza. Ha tomado tu brazo y roto una pierna.
Pero aún así, no te quieres ir. ❞
Había transcurrido ya un buen rato desde que habían emprendido aquel viaje junto a la novedosa Princesa Elizabeth. Durante el trayecto, ella se había presentado de forma adecuada, con la cortesía y la dulzura que la caracterizaban. Meliodas, como era habitual, había hecho lo propio, al igual que Némesis, aunque esta última no volvió a pronunciar palabra alguna desde que regresaron a la taberna. Aquello no resultaba extraño para quienes la conocían: el silencio era su estado natural.
La azabache se limitaba a beber cerveza con parsimonia, sosteniendo la jarra con firmeza mientras su mirada se perdía, ya fuera tras el cristal de la ventana o en pensamientos que nadie más podía alcanzar. En ocasiones, su inquietud se hacía evidente; Némesis no toleraba permanecer quieta demasiado tiempo. Así, recorría los pisos de la taberna una y otra vez, se cambiaba los vendajes de los brazos con movimientos mecánicos o se dedicaba a ordenar, por estricto orden alfabético, las botellas de su colección personal. Cualquier excusa era suficiente para mantenerse en movimiento.
—Uhm... —un murmullo suave rompió la monotonía.
La azabache alzó la mirada apenas, observando de reojo por encima del borde de su jarra mientras bebía. A su izquierda se encontraba Elizabeth, visiblemente nerviosa, con las manos escondidas tras la espalda. Vestía un conjunto extraño y provocativo, algo que hizo que Némesis rodara los ojos con cansancio; no necesitaba adivinar quién había tenido aquella "brillante" idea. Su Capitán, por supuesto.