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24 —
Cena familiar 
ヿ因-

Nota las miradas en su nuca,
El rencor en los rivales que le tocan.
El dolor y las heridas no le asustan,
Palpitando cuando sienta una derrota

Ella es una ganadora.

Días que se parecen a otros días.
Las victorias no cuentan por alegrías.
Adicta a ese sabor amargo en la boca.

Ha olvidado todo lo que antes sentía.


— Herregud! Vad fan är det?!–

El grito rasgó el aire con una mezcla de incredulidad y terror apenas contenido. El otro hombre, en contraste, no respondió de inmediato. Su calma no era verdadera serenidad, sino esa rigidez tensa que precede al pánico. Un leve ceño fruncido marcó su frente mientras se inclinaba hacia la cama.
Con movimientos lentos, casi reverentes, acercó los dedos al líquido oscuro que aún resbalaba desde la garganta de ella. La sustancia era espesa, casi negruzca, viscosa como brea caliente. Al tocarla, sintió cómo se adhería a su piel con una consistencia antinatural, el olor lo golpeó un segundo después: agrio, metálico, con un dejo rancio que se quedaba en la nariz y en la garganta. Su mandíbula se tensó hasta dolerle.
Se incorporó despacio, limpiándose la mano en una toalla ya manchada, como si el gesto pudiera borrar también la sensación pegajosa que aún le recorría los dedos. Luego alzó la vista.
Sus ojos se clavaron en los del hombre de piel pálida frente a él: verdes, más claros que los suyos, casi translúcidos bajo la luz fría de la habitación. Había miedo en esos ojos. Y culpa.
Y algo más que ninguno quería nombrar.

Suspiró. Fue un suspiro pesado, cargado de agotamiento y de decisiones que no querían tomar. Se acercó a la cama y pasó una mano por el cabello de quien yacía allí, con una delicadeza que contrastaba con la urgencia del momento. Sus dedos se enredaron apenas en los mechones, como si ese contacto pudiera anclarle a la realidad.– Ring Noah, snälla.–

El otro frunció el ceño, atrapado entre la preocupación y una irritación que nacía del miedo. Sin pensarlo demasiado, tiró del brazo de su compañero con más fuerza de la necesaria, alejándolo de la cama. Lo arrastró hasta quedar detrás de la puerta entreabierta, buscando distancia, aire, alguna ilusión de control.
Antes de que el pelirrojo pudiera reprocharle nada, el primero alzó la toalla sucia, mostrándole de nuevo la sustancia viscosa que la empapaba.
A la luz, el líquido parecía aún más oscuro, casi vivo, extendiéndose lentamente por la tela.

– Vi måste ta bort det, det kommer inte att överleva om vi inte.– Apartó la mirada al decirlo, como si admitirlo en voz alta lo volviera irrevocable. El silencio cayó sobre la habitación con un peso insoportable. El tic lejano de un reloj, la respiración irregular desde la cama, el zumbido eléctrico de la lámpara... todo sonaba amplificado. Durante unos segundos ninguno de los dos pudo moverse. El miedo los anclaba al suelo.
Finalmente, con la voz quebrándose apenas en la última palabra, insistió– Gå och hämta Noah, snälla.–

ѕ ι η η є я

— Bueno Elizabeth, voy a presentártelo de nuevo.– Meliodas giró su cuerpo levemente, levantando la Palma de su mano hacia atrás, señalando de esa forma, a un albino zorro sentado en un barril lleno de vino. Este soltó una pequeña sonrisa, ladeando levemente su cabeza apoyada en su puño, sus blancos colmillos brillaron con la suave luz de la luna.– Este es el Pecado de la Codicia del Zorro, Ban.–

◖ 𝘚𝘐𝘕𝘕𝘌𝘙 ◗ - 𝙉𝙖𝙣𝙖𝙩𝙨𝙪 𝙉𝙤 𝙏𝙖𝙞𝙯𝙖𝙞 -Donde viven las historias. Descúbrelo ahora