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28—
örräderi 
ゐ火サ

Cuando las luces se apagan,
todos los pecadores se arrastran.
Así que ellos cavaron mi tumba,
y la mascarada llegará gritando
por el desastre que hice.

No quiero decepcionarte,
pero estoy atada al infierno.


—Estarás bromeando, Capitán —comentó Ban, jugando con el antiguo y roído cartel en el que se leía con letras gastadas el nombre de KING. Sus dedos recorrieron la madera astillada mientras dejaba escapar una mueca de aburrimiento mezclada con incredulidad.

Meliodas, a su lado, negó suavemente con la cabeza, esbozando esa sonrisa ligera que siempre parecía esconder algo más. Mientras lo hacía, sus manos encontraron el largo y rizado cabello de Némesis, que descansaba sobre los hombros del albino como si el mundo a su alrededor hubiera dejado de existir. Ella no parecía recordar por qué había acabado allí, simplemente se dejó estar, confiando en su equilibrio natural sobre Ban. Y cómo no hacerlo: su cabello era casi una cascada de tinta líquida, tan largo y denso que caía hasta sus rodillas, enredándose ligeramente con cada movimiento del albino. Meliodas aprovechaba la oportunidad para jugar con él de manera despreocupada, apartando mechones, desenredando rizos y disfrutando de la textura casi hipnótica de aquella melena azabache.

—Ese gordinflón debe estar más que muerto —sentenció Ban de repente, con esa brusquedad característica, colgando nuevamente el cartel en su lugar y apoyando las manos en los muslos de Némesis, cubiertos por su oscuro pantalón.

—Esa es la única pista que tenemos por ahora —respondió Meliodas, recostando sus manos detrás de la nuca y lanzándole a Némesis una suave sonrisa, como si aquel gesto pudiera transmitirle más información que cualquier palabra. Ésis apoyó sus brazos sobre la cabeza del albino y, a la vez, dejó descansar la suya propia sobre sus manos, formando un equilibrio casi casual y cómodo entre ellos.

El rubio dejó escapar una ligera carcajada que brotó desde lo más profundo de su garganta al notar cómo el cabello había caído como una cortina alrededor de Ban, impidiéndole completamente la visión. La situación le resultaba cómica, y a la vez inquietantemente familiar.

—Oh venga ya, no necesito una peluca por ahora —murmuró Ban, medio bromeando, medio resignado, mientras apartaba los mechones que le cubrían el rostro.

◖ ѕ ι η η є я ◗

—No te atrevas a traicionar mi confianza... —susurró una voz grave, impregnada de calma absoluta, casi invisible en su movimiento, como si las palabras escaparan sin esfuerzo.

El hombre de rojizos cabellos abrió lentamente los ojos, moviendo apenas la cabeza para observar al otro sujeto con quien mantenía esa conversación silenciosa pero cargada de tensión. Su mirada lo analizaba, no era simplemente curiosidad: era un escrutinio completo, un examen minucioso de cada gesto, cada respiración.

—¿Confianza? —replicó el otro, su voz grave resonando ligeramente en las paredes de la habitación. A pesar de su tono sereno, el ambiente se volvió pesado de inmediato. El hombre frente a él notó cómo sus propios cabellos en la nuca se erizaban; la calma del rojizo no era natural, y esos ojos fijos parecían leer hasta la memoria de su alma—. ¿Acaso los humanos pueden confiar el uno en el otro sin acabar muertos?—

Silencio.

El aroma del té de limón llenó de nuevo la habitación, calmando ligeramente la tensión, pero sin disiparla del todo.

—Eso creí —dijo el hombre de rojizo cabello, tomando un sorbo y cruzando los brazos de manera casual, como si el mundo siguiera siendo normal—. Además, supongo que es mejor así para todos.—

ѕ ι η η є я

—¡Y llegamos~🎶! —La voz de Ban resonó primero en los oídos de Némesis, jugando con el espacio como siempre lo hacía, llena de energía y alegría. Sus pasos ligeros resonaban sobre el suelo mientras ella aún parecía ceder a los últimos vestigios de Morfeo, relajada sobre los hombros del albino, incapaz de resistirse al sopor que la medicación le provocaba.

No sabía en qué momento había cedido, ni cómo había terminado siendo cargada así, pero había algo en ese instante que no la preocupaba del todo. Aunque una voz interior insistía: tendría que hacerse una revisión con Merlín, tan pronto como tuvieran la oportunidad.

—Bien, chicos —intervino Meliodas, llamando la atención de todos mientras la madre de Hawk permanecía curiosa a sus pies.

Observó cómo Ban ayudaba a Némesis a bajar de sus hombros, murmurando alegremente: «¡Realmente no me acordaba de que estabas ahí!», «¡No pesas nada, deberías comer más!», o «¡Cómo es posible que te duermas en cualquier lado!». La azabache, sin embargo, solo asintió distraídamente, bostezando y dejando escapar un pequeño suspiro, lo que hizo sonreír a Meliodas aún más, mostrando sus blancos dientes en una sonrisa cálida y genuina.

—Este es el pueblo más cercano a la Capital de los Muertos —informó con tono firme y decidido—. Primero, debemos reunir información sobre King directamente en la Capital de los Muertos.—

Todos asintieron... o casi todos. Némesis, con pasos lentos y medidos, se acercó a Meliodas, estirándose apenas antes de bostezar de nuevo, provocando otra sonrisa ligera en el rubio.

—Vamos a abrir aquí la taberna —dijo ella finalmente—. Necesitamos ganar dinero para la comida también.—

El ambiente se llenó de energía renovada. Meliodas comenzó a asignar tareas: Diane sería la encargada de atraer a los clientes, Ban tomaría la cocina, él y Némesis atenderían las mesas, y Elizabeth, recién recuperada, serviría como camarera. Todos aceptaron con entusiasmo, excepto dos miradas que intercambiaron un instante cómplice, silencioso, que presagiaba que algo no planeado estaba a punto de suceder.

—¡Muy bien, todos a trabajar! —exclamó Meliodas, con la energía de siempre.

Pero al girarse para hablar con Némesis, se dio cuenta de que ella ya no estaba a su lado. Y también notó la falta de una cabellera albina detrás de él.

—Ellos huyeron... ¡serán unos... —empezó, pero su voz se perdió en el aire.

ѕ ι η η є я

—El Capitán debe estar bromeando~🎶 —canturreó Ban, caminando tranquilamente a su lado mientras Némesis lo seguía con pasos medidos y silenciosos—. ¿Por qué debería convertirme en cocinero luego de ser liberado? ¿No te parece injusto, Capitana?—

Némesis, como siempre, permaneció impasible, encogiéndose de hombros y mostrando total desinterés por sus quejas. Sin embargo, en su mente, algo que llevaba tiempo rondando salió finalmente a la luz. Algo pequeño, simple, pero que había pasado desapercibido hasta ahora: el llavero.

◖ 𝘚𝘐𝘕𝘕𝘌𝘙 ◗ - 𝙉𝙖𝙣𝙖𝙩𝙨𝙪 𝙉𝙤 𝙏𝙖𝙞𝙯𝙖𝙞 -Donde viven las historias. Descúbrelo ahora