No hate.
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Soy Sofi, tengo 15 años y vivo con mis dos hermanos, María de 17 años y Marco de 19, nuestros padres murieron hace cuatro años en un accidente de avión, María y yo nos ayudamos en todo lo posible, pero Marco se dista...
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SOFÍA
La persona misteriosa no había vuelto a entrar.
Se había ido.
Y ni siquiera sabía quién era.
A las pocas horas recuperé la visión de esa neblina molesta, llamaron a Tomás y a Sara para que supieran que estaba bien y ahora mismo les estaba esperando.
— ¡Sofía!— dijo Tomás entrando por la puerta—. Joder, ¿estás bien?
— Sí— dije con una pequeña sonrisa.
— No, no lo estás—dijo echándose las manos a la cabeza.
— Te ha dicho que lo está Tomás— susurró Sara y él negó un poco desesperado.
— ¿Tú crees que está bien? ¡Mírala!— exclamó Tomás un poco más alto de lo que ya estaba hablando y lo único que hacía era ponerme nerviosa. Empecé a jugar con las sábanas inconscientemente.
— La estás asustando— le susurró Sara.
Al darse cuenta de lo que había hecho Tomás salió por la puerta y nos dejó solas.
— ¿Qué le pasa?
— No es la primera vez que siente que no ha hecho algo bien y eso le pone nervioso. Como acabas de ver— dijo sentándose en la silla donde antes había estado el desconocido, cogió mi mano y la acarició mientras me dedicaba una sonrisa.
— Lo siento— dije bajando la vista.
— ¿Por qué cariño?
— Por la ropa. Se ha manchado de sangre.
— ¡No te dije que podías manchar la ropa!— yo solo miré al suelo—. ¡Sabes perfectamente lo que me cuesta lavar todo y no cooperas!
Ya había dejado de sangrar, pero la ropa estaba sucia.
— Lo-lo siento Marco.
— Sí que lo vas a sentir— dijo entrando dentro de la sala
— No pasa nada cariño— dijo dedicándome una sonrisa—. Esta tarde íbamos a ir a comprar ropa, pero creo que es mejor cuando te mejores.
Las dos sonreímos y yo asentí aún un poco tímida.
— Así me gusta más— dijo dándome un beso en la mejilla—. Tengo que buscar a Tomás, ¿te importa quedarte sola?— yo negué—. Ahora vuelvo.
Me guiño un ojo y salió por la puerta.
Y me volví a quedar sola.
No quería estar aquí y está habitación me sonaba mucho. Las vistas desde la ventana e incluso la pequeña grieta al lado de la ventana que había mirado tantas veces hace unos años.