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Henry no había podido dejar de pensar en Nina Slora y la forma en la que había podido infiltrarse tan fácilmente en su interior, no era la primera chica a la cual besaba, ni tampoco era un beso lo más avanzado que había hecho en una relación, pero aquella sensación desconocida que al mismo tiempo guardaba en su interior para ser rememorada, era una clara alerta para que tomara precauciones. Sin embargo, la soñaba todo el tiempo, sus enormes ojos azules clavados indefinidamente sobre él, intentaba tocarlo, pero Henry era lo suficientemente inteligente para no permitirlo, incluso en una ocasión le había tomado con fuerza la muñeca que se estiraba hacia él y ella había desaparecido.

Había intentado hablar con ella por más de tres días, pero simplemente parecía desaparecida y nadie sabía nada, no era como si notaran cuando Nina iba o no a la escuela, para ese momento había intentado de todo, llamar a su puerta, mandarle mensajes, marcarle por teléfono, pero todo había sido inútil y para ese momento ya ni siquiera lo intentaba.

—Señor Archer —le habló un profesor al terminar la clase—, ¿sabe usted algo de la señorita Slora? Tengo entendido que viven en la misma villa.

—Así es profesor, pero no la he visto en estos días.

—Bueno, es necesario que asista a la escuela pronto si no quiere ser dada de baja por faltas injustificadas, dígale que, si se ha enfermado, lo normal es que se notifique a la escuela.

—Se lo diré profesor.

Henry iba hacia el club de esgrima, había decidido irse por ello ya que prefería el pinchazo de un florete a un golpe en el juego de rugby, no era de los que ansiara tener problemas en la vida real, menos en un juego donde además podías salir molido a golpes.

—¡Henry! —gritó de pronto la voz melosa de Josephine que para ese momento le era más irritante que escuchar a Nina hablar por horas de los árboles— ¡Henry! ¿Qué no me escuchas?

—Lo siento, no quise ser grosero, solo tengo algo de prisa.

—Irás al club de esgrima ¿cierto?

—Para allá iba ¿Cómo lo sabes? —elevó una ceja.

—Bueno tontito, todo el mundo lo sabe, eres noticia en estos días —se miró en vidrio de una de las oficinas de los administrativos y regresó la vista hacia Henry—, no cualquiera rechazaría la oportunidad de estar conmigo, eres toda una celebridad ahora y quería saber dónde podía encontrarte.

—No me gusta ser el centro de atención —le sacó la vuelta, pero Josephine era rápida y demasiado escurridiza.

—Así que ahora eres el apuesto inglés con un florete en manos, todas queremos ir a verte practicar.

—En realidad soy sueco.

—¡Ahora tiene todo más sentido! —sonrió coqueta— ¿sabías que los chicos de tu país son categorizados como de los más guapos del mundo?

—No lo sabía.

—También como los más serios y respetuosos de la mujer, entiendo que no quisieras acostarte conmigo a la primera, pero quizá si saliéramos unas cuantas veces...

—Me gustaría, pero justo ahora tengo que ver donde se ha metido Nina.

—¿Nina? —elevó una ceja— ¿Nina Slora?

—No pensé que pudieras olvidarla cuando le tiraste un pudín hace unos días.

—Claro —se avergonzó—, la verdad es que Nina y yo siempre nos hemos llevado mal, pero no te creas de su cara de ángel, es bastante malvada cuando quiere.

—Bueno Josephine, está bien, no puedo decir quién tiene razón, a penas las conozco, pero gracias por hablar conmigo.

Henry se subió a su camioneta y fue directo a casa para intentar hablar con su vecina que cada día parecía ser más extraña y más interesante para él. Cuando llegó al edificio tocó insistentemente a la puerta de la chica, Nina le había dicho que sus padres se ausentaban durante todo el día, así que estaría sola y no podía simplemente desaparecer.

El misterio de los SahasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora