Capítulo 11
A Alba le encantaría decir que está completamente bien, que se siente completamente feliz luego de hablar con Natalia, le encantaría decir que esa etapa de su vida se había cerrado por completo cuando tuvieron esa charla en donde la morena le dio los motivos que la mantuvieron alejada de ella por diez años pero no, no se sentía así, cada día que pasaba se sentía más devastada que el anterior, no existía día en el que lograra no llorar, no existía día en el que no recordara esos ojos chocolate suplicándole por perdón, suplicando que la escuchara y la comprendiera.
La semana que Lucía se había ido junto con Sabela paso demasiado rápido para la doctora, no es que no extrañase a su prometida, realmente lo hacía pero en esos momentos se sentía mala compañía, sentía que hiciera lo que hiciera, hablara de lo que hablara ella estaría en un punto infinito, pensando, recordando, intentando entender todo lo que le había sucedido a ella y a Natalia, por todo lo que habían pasado y por todo lo que les habían quitado, sin derecho alguno.
- ¿Me pasas a buscar hoy? – le pregunto Lucia mientras Alba seguía mezclando su café. - ¿Alba? – Lucía arrugo la frente al darse cuenta de que Alba no le estaba prestando atención. - ¿Alba? ¿Cariño?
- ¿Mmm? ¿Qué... qué me decías?
- ¿Estás bien?
- Sí, lo siento, solo estaba distraída.
- Como todos los días.- musito
- ¿Qué?
- ¿Qué si me pasas a buscar hoy? – la rubia frunció el ceño - ¿Te olvidaste? Genial.- Lucia se levantó para irse pero Alba la detuvo, abrazándola por la espalda haciendo que su prometida suspirara.
- Lo siento – Lucia negó con la cabeza – Cariño, lo siento. El trabajo me está desbordando la existencia, compréndeme, por favor. – Lucía se giró entre los brazos de la rubia.
- Hoy tenemos cita con mamá. – Alba asintió – a las cinco, no te olvides esta vez, por favor.
- No, cariño. A las cuatro estoy aquí, lo prometo. – Alba cerro los ojos cuando Lucia se inclinó para besar sus labios.-
- Te amo. – Alba sonrió
- Yo también – fue lo único que pudo contestar sintiendo una opresión en el pecho – debo irme, nos vemos a la tarde, cariño. – esta vez fue Alba la que beso a Lucía antes de salir de su hogar.
Esa mañana en el hospital había sido una completa locura, un autobús había chocado y muchas personas resultaron heridas, era por eso que la mayoría de los médicos estaban en la sala de guardia intentando ayudar lo más que podían.
Por suerte o por desgracia para Alba, esa mañana solo se había cruzado con Nat, la había visto pero no cruzaron más un simple y vacío "Hola". Alba se regañaba internamente por esperar más que ese saludo de Natalia, sabía que no debía hacerlo, sabía que como estaban las cosas en ese momento era lo mejor pero cada vez que la veía, cada vez que veía como le sonreía a algún pequeñuelo, o simplemente cuando la veía con esos ambos de colores llamativos, colores que hacían resaltar el brillo de sus ojos, no podía evitar sonreír, no podía evitar el cosquilleo que le producía tenerla cerca y mucho peor era si por algún motivo sus manos se rozaban o cuando ambas se quedaban mirándose directamente a los ojos.
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Tal y como se lo había prometido a Lucia, esa tarde, a las cuatro, ya la estaba esperando en la puerta del edificio. Había pasado por una florería y había comprado un hermoso ramo de margaritas, a Luisa le encantaban, también le había comprado una de esas tartas de manzana, sabía que tanto a su prometida como a su suegra les encantaba.
