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Maratón 4/4

Mar

En esta estación, entre tanta gente que esperaba a que llegara el tren, estando con Taehyung, con sentimientos correspondidos... ¿quién lo creería? Nunca me lo imaginé. Es más, creía que ese tipo de situaciones sólo se daban en las historias de hada, o en los sueños, donde puedes vivir sin ningún límite que te oponga. Pero este momento lo prueba. Quisiera que estos segundos se congelaran y no pase ninguno más. Quiero capturar este momento en todo mi ser, no solo en mi corazón.
Nuestros corazones son testigos de cuan rápido latía el del contrario. Yo, por mi parte, aunque esto sea probablemente una de las cosas con las que siempre soñé, no me siento cien por ciento segura de lo que estoy haciendo. No sabría explicarlo, pero me sentía tan minúscula ante él a pesar de la ola de gente que nos rodea.

Nos separamos finalmente, cada uno analizaba cada facción del otro. Él estaba agitado y con su peluca alborotada. Podía notar cómo los costados de su cabeza, en el lugar entre las orejas, caían gotas de sudor. ¿Él se apuró por verme, para que este hecho esté sucediendo? ¿No será este un sueño del que nunca querría despertar?
Él me miraba, esperando que algo, aunque sea un ruido, salga de mi boca. Pero no podía pronunciar nada aunque quisiera. Seguía pasmada en aires borrascosos que daban en mi pelo suelto, que hacían que hagan ondas de película.
Mi cabeza giró levemente al sentirme observada. En efecto, una sola persona nos miraba insólitamente. Claro, ¿qué hace una chica de 18 años besando a un señor de 70?

– No me abandones, no en estas fechas– soltó él en murmuros, haciendo que mi atención se enfoque únicamente en él.

– Tae, yo n-– al poner un pie adelante, golpeé una de mis maletas inhábilmente.

Él bajó su vista en las tres maletas que tenía en mis pies, subió a mi mochila colgada en mis hombros, como último acto terminó mirándome a mí nuevamente. Me sentía acobardada.

Cerró sus ojos y suspiró. Los abró al segundo.

– Mar... será difícil para mí decir esto, pero te dejaré ir a tu país. Así sean solamente dos meses, te estaré esperando con los brazos abiertos. Así– abrió sus brazos ante mí.

Mi vista se tornó borrosa al instante en el que insistía que vaya a corresponderle. Esa mirada siempre me transmitió seguridad, no en él, sino también a mí.
Di unos dos pasos torpemente para chocarme en su pecho. Me atrapó entre sus largos brazos. Nos apretamos como nuestra fuerza nos dejó. Esto era lo mismo que antes, no quería que nada interrumpiese este momento tan inefable para mí.
Él se agachó, lo suficiente como para alcanzar mi cabeza y susurrarme al oído:

Mantendré esta calidez en blanco y negro.

Se me erizaron los pelos de mis brazos cuando volvió a incorporarse. Lancé una risa involuntaria. Pero luego lágrimas cayeron, invitándome a romperme ante él con un mar de éstas. Mi cabeza se metió más allá de sus brazos con cautela. Mojé su abrigo de telas marrones, aún así me introduje en todos los sentimientos fortificantes que me envolvían a través de cada lágrima derrochada en él.
Tae me acarició la espalda y buscó mi rostro para volver a atraparla entre sus manos. Al estudiarme el rostro por segunda vez, acercó su rostro para apoyar sus labios en mi frente. Sostuve una de sus manos con mi derecha y la acaricié. No podría estar en condiciones para hacer otro gesto.
Él con su otra mano, llevó uno de mis mechones por detrás de mi oreja izquierda. Una media sonrisa se hacía presente en cada acto similar. Acercó su rostro en dirección a mi boca. Cerré los ojos e hice lo mismo. Nuestros labios volverían a sentirse.

Se escucha la campana sonar.

¿Por qué? ¿Les parece un momento conveniente?

Bajé mi cabeza y me agaché a agarrar mis maletas, pues el tren ya se encontraba en frente de nosotros. Taehyung me ayudó con dos. En el trayecto de meterme en el transporte, miro al chico extrañado. Quería saltar el espacio entre el tren y el andén y volver a ser prisionera entre sus brazos, pero las puertas cerrándose me lo impidieron. A los segundos, el tren se puso en movimiento, él lo perseguía para seguir viéndome. Creí que me sacudiría la mano con esa sonrisa debajo del barbijo, pero se detuvo aún cuando el tren no alcanzó una velocidad justa pera dejar de verlo, me gritó:

– ¡Te estaré esperando!– volvió a decir lo de antes.

Te extrañaré.

A través de las miradas juzgantes de la gente, me senté en un asiento que me cedieron. Me toqué la cadena una vez más y suspiré pesadamente. Lamento el hecho de haber roto una promesa, más saber que es de un señor que me la entregó, su confianza consigo. No volveré a hacerlo en cuanto vuelva a esta hermosa ciudad.
Volteé a ver hacia la ventana que tenía al lado. Sólo veía luces ir y venir a una velocidad increíble.
Volví a acariciar la cadena, esta vez viéndola.

Volveré prontro, Seúl.

Fin

famous luv; kthDonde viven las historias. Descúbrelo ahora