Los rayos de sol que entraban por la ventana despertó a la chica rubia que yacía en la cama. Se levantó y miró el reloj, no sabía cuánto había dormido, pero había sido más de lo que imaginaba. Al llegar a casa, después de haber estado casi todo el día con Flavio, intentó componer algo, desconectar su mente, pero no lo logró. No fue capaz de escribir una sola palabra, en su cabeza solo estaba Flavio.
Se dirigió a la cocina para tomar su café descafeinado como cada mañana cuando recordó lo que había hecho la noche anterior y que quizás había hecho un poco el ridículo. Eso es lo que decía su cabeza. Era tarde y no podía conciliar el sueño, debido a la larga siesta del mediodía, a eso sumado que su cabeza no paraba de pensar, de recrear escenarios que quizás nunca iban a suceder... pero cuando piensas demasiados, acabas actuando por instinto... la chica cogió su teléfono, abrió la agenda y le dio al botón de llamar. Como era de esperar el chico no había atendido y se sentía ridícula... vería su llamada por la mañana y realmente no tenía excusa, solo quería escuchar su voz, pero eso no lo podía decir, ¿cómo iba a hacerlo? ¿cómo iba a decirle que su necesidad a las dos de la mañana era escuchar su voz porque no podía dormir? Se sentía una adolescente de quince años. La estaba volviendo loca.
Por un momento se planteó que quizás no estaba jugando con ella, que quizás actuaba de la misma forma que ella, dejándose llevar. Podía ser una posibilidad y no sabía si prefería esa o la primera... en la primera era fácil y a la vez dolorosa, ella volvería a caer en él. Ya lo hizo. Lo había llamado a las dos de la mañana para escuchar su voz, por supuesto que había vuelto a caer. Era imposible no hacerlo, porque de alguna forma y otra, él siempre estuvo en su cabeza. Aceptar que siempre estuvo presente no era algo que le gustase aceptar. Si pudiera dejar de tomar malas decisiones... pero, ¿cuál era la mejor decisión en este momento?
De pronto su teléfono móvil comenzó a vibrar en la pequeña mesa de la cocina haciéndola volver a la realidad. Era Flavio. Por supuesto que era él, se habría despertado y habría visto la llamada... ¿no hubiera sido mejor un mensaje? Con un mensaje podría pensar que decir.
Dudo en cogerle la llamada, pero si no lo hacía iba ser peor. ¿por qué tenía que darle tantas vueltas cuando se trataba de él?
- Hey – dijo atendiendo la llamada del chico. Trató que el tono de su voz sonara tranquilo y no reflejaran ni una pizca de nervios. Solo él le hacía sentirse de esa forma... incluso después de años.
- Hey – respondió él de la misma forma con la voz más grave de los normal debido a que probablemente se acababa de despertar. - ¿Estás bien? Acabo de ver tu llamada, lo siento, estaba durmiendo
- No te preocupes, no era nada – trató de restarle importancia al tema y cruzó los dedos para que él no insistiera ni preguntase más acerca de esa llamada
- ¿Segura? ¿Necesitaba algo? – ilusa de ella que por un momento pensó que podría olvidarse, por supuesto que no lo haría, era Flavio. Ella tampoco dejaría el tema si Flavio la llamase a las dos de la mañana, le daría mucha intriga saber que le llevó a eso. Se maldijo a sí misma mentalmente y respiró profundo.
- No era nada... de verdad, no importa – realmente no tenía una excusa. No la tenía.
- Samantha... - la chica pudo notar el suspiro del chico a través del teléfono - ¿Qué pasa?
- Nada – respondió – Flavio, no pasa nada
- Vale, Samantha, no pasa nada, pero no es muy normal recibir una llamada tuya a las dos de la mañana
- Flavio, de verdad, no tiene importancia – volvió a insistir
- Sí que la tiene, si llamaste es por algo, y a mí por lo menos me importa. Sé que no somos amigos – realmente no lo eran, ni si quiera sabían que eran, pero estaba creando una especie de relación cordial – pero me importas y me gustaría saber que pasó. Ahora, te vuelvo a preguntar, ¿estás bien?
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Remo a tu favor
FanfictionDos cantantes famosos los cuales tienen un pasado juntos que nadie conoce, ¿qué pasa cuando te piden que hagas una colaboración con tu ex?
