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—Ririka, ¿Por qué me odias?— La rubia preguntó con un poco de curiosidad y tristeza en su voz, haciendo que la ojiazul rodase los ojos.
—No te odio, sólo eres molesta como la mierda. ¿Por qué te preocupas por mí de todos modos? ¿Por qué no puedes molestar a los otros vecinos?— Gruñó hojeando el menú.
—Porque me gustas.
—Sí, puedo ver eso.
—No. — Saotome se inclinó y puso su mano sobre la contraria. —Quiero decir que realmente me gustas. Creo que eres tierna cuando eres gruñona y adorable cuando te despiertas en las mañanas. Tu sonrisa ilumina éste mundo y sé que probablemente me odias más por esto, pero-
Ririka no estaba segura de que pasó en su interior en ese momento, pero sea lo haya sido, ella sabía que iba a arrepentirse más tarde. O tal vez no lo haga.
Alejó sus labios de los de la menor.
—¿Me besastes para callarme o por mi cuerpo?
—Realmente no lo sé, sólo, no hablemos de esto de nuevo y continuemos desayunando, ¿Bien?
—Sí.
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