‘’Enana, mañana no puedo venir a ayudarte’’
‘’Eric, tengo examen la semana que viene’’
‘’No sé si voy a poder ayudarte más. Me voy de viaje’’
No me costó mucho superarlo, aunque estaba enamorada de él, sus rizos, su voz. Era un cielo de chico, pero claramente y por desgracia, ha cambiado demasiado, al igual que yo. No me molestaba que se hubiera ido, más me vino bien, ya que a partir de ahí empecé a hacer ejercicio, vestir bien y demás. ¿Pero aparecer ahora? No tenía sentido. Ni si quiera lo vi cuando sus padres vinieron a casa a decirnos que Leah había desaparecido. Él amaba a su hermana. Su pequeña Leah. A veces me daba hasta envidia cuando era pequeña. Ahora paso noches consolando a Ari, quien era su mejor amiga. Me gustaría volver a verla, pero hasta sus padres habían perdido la esperanza después de más de 1 año. Y es que en realidad, nadie había hecho nada para encontrar a la pequeña, cosa que sí que me duele. Ella era como de la familia, ya que siempre andaba en casa con mi hermana. Era muy buena chica.
Recibí un mensaje. Como siempre, Eric interrumpiendo mis pensamientos.
‘’Tu padre está en París’’
Me dio un vuelco el corazón. ¿Qué quería? Porque si venía a hablar conmigo, estaba claro que no lo iba a conseguir. ¿Matar a Eric? No puede, si lo hace nunca sabría dónde estaba yo. Me gustaría haberle visto la cara a mi padre cuando leyó la nota. ¿Amenazarnos con Ari? Eso sí que podía hacerlo, ya que sabe que ganaría si juega contra mí. Y no puedo negarlo, mi hermana es mi punto débil.
‘’Eric, ven a casa ya’’
Le contesté. No quería que nadie saliera herido. Aunque si mi padre había traído a Ari, supongo que ella me lo habría dicho. O no.
Empecé a dar vueltas por toda la casa. Alguna lágrima caía ya por mis mejillas. Y es que no podía evitarlo. Todo se está complicando, cuando menos nos lo esperemos nos darán el golpe. Eso me pone nerviosa, yo siempre necesitaba controlar todas las situaciones que me implicaran a mí. Sólo porque pensaba que yo podía mantener a toda la humanidad viva si yo controlaba, pero en realidad sabía que yo no sabía manejar ni un tamagochi, cosa que me enfadaba más. No ser capaz de hacer lo que te propones.
‘’Tranquila cielo. Mis amigos están aquí también. Ya sabes, es difícil deshacerse de Eric Secharia’’
Esto me tranquilizaba, pero no como yo necesitaba. ¿Sus amigos? Oh, los que me secuestraron junto a él. Al tal Anthony le debía un par de bofetadas. A los demás no los conocí demasiado. Aunque poco me importaban ellos ahora mismo.
…
-¿Emily?-Eric me llamaba, pero no podía contestarle.
Estaba sentada a lo indio en frente de la tele, estando ésta apagada. Había estado pensando en mi infancia y todo lo que mi padre me había ocultado desde esta mañana. Ni si quiera había desayunado ni comido. No sabía ni qué hora era.
-¡EMILY!-El chico me zarandeó, esperando alguna reacción.
Sacudí la cabeza, centrándome en la persona que me estaba moviendo sin compasión.
-Eric, para. Ya te veo.-Reí sin gracia y me levanté.-Estaba pensando.
-Últimamente piensas mucho. Y a oscuras, a parte de hambrienta.
-Lo necesito. No todos los días mi padre se convierte en mafioso. ¿Cómo sabes que no he comido?-Me mareé. Claramente se me notaba.
-No has dejado los platos en el fregadero como haces siempre.
-Claro.
No sabía cómo preguntarle lo que quería saber. Así que opté por lo directo.
-¿Has matado a mi padre?-Dije sin importancia, aunque en el fondo me dolía. Eric me miró sin escrúpulos.
-No. Él no me ha visto.-Algo dentro de mí se puso feliz.
-Oh, genial.-Bebí agua y volví al salón.
-Em, tienes que comer.
-¿Y tus amigos?-Cambié de tema. No estaba de humor para que me comiera la cabeza sobre comer o no. Soy mayorcita.
-Hasta que no comas no te contaré nada.
-El chantaje me da igual. Puedo irme mañana mismo a casa sin que te enteres, y sabes que lo haré si es extremadamente necesario.
-¿Y quieres volver a casa? ¿En quién confiarías? ¿En tu padre? No, espera. Está aquí en París, intentando matarnos. A los dos.
Lo miré con dolor. Esas palabras eran las únicas que no quería escuchar.
-Entraría en ese juego de los golpes bajos. Pero no soy como tú. No soy mala persona, no secuestro a gente ni me alío con mafiosos.
-¿Y si tu hermana estuviera en juego? ¿Qué harías?
-Ari no tiene nada que ver. ¿Por qué la metes?
-Déjalo, no estoy de humor para ti.
-Yo tampoco lo estaba, pero Don Secharia no deja de joder desde que le conocí.
Subí a la habitación y antes de cerrar grité ‘’HOY DUERMES EN EL SOFÁ, A VER SI TE RELAJAS’’ y pegué un portazo.
Me senté en el banco de la ventana de la habitación. Hoy había hecho un buen día.
‘’Oh por favor, eso me da igual.’’
De repente una chica pasó con su amiga, riendo. De hecho las chicas se parecían bastante, por lo que podía ver. Quité la mirada, recordando a mi hermana pequeña. La echaba tanto de menos. Parecía que éramos perfectas. No lo somos, tenemos muchas peleas, muchísimas. Pero ahora que no está, me arrepiento de todo. Aún habiéndole dicho mil veces que la quiero, sabía que no habían sido suficientes. Miles de lágrimas salían ya de mis ojos. Dios, estaba harta de llorar. Yo nunca lloraba. Limpié todas mis lágrimas bruscamente, como los niños pequeños, y en la ventana escribí ‘’Miss u, Ari’’. Le di un puñetazo leve al cristal, tratando de dejar ir mi dolor. Era imposible. Apoyé la cabeza en la ventana y dejé cerrar mis ojos. También estaba perdiendo a Eric. Como dije, todo se vuelve complicado. Si Eric necesitaba algo de aquí, tendría que hacerlo pronto o yo me hartaría de verdad.
Me encontraba sola. Realmente no tenía a nadie. Me dolía la vida. Estaba asqueada de París, y por muy bonita que fuera, por propia lógica supe que no podría hacer turismo porque mi padre andaba por ahí con instintos asesinos. ¿Hacia quién? No lo sé.
Sin darme cuenta, recordé algo que mi padre nos repetía a mi hermana y a mí. ‘’París es peligroso, recordadlo siempre, mis niñas’’. Pensando en esto, me quedé dormida.
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THE RED KEY (MIDNIGHT RED)
FanfictionEmily era una chica normal, más o menos alta, de cabello castaño oscuro y ojos claros, piel oscura y no muy delgada, ni muy rellenita. Era una chica normal de 20 años. Esa noche había salido a dar una vuelta, con sus cascos y su Ipod en el bolsillo...
