Justo en la línea más rota y oscura,
escondida en el añil de la nada,
baja por la colina quebrada
lo que queda de mi cordura.
Al fondo de la llanura
está pactada mi condena,
la misma que con cadenas
me llevó hasta la locura.
Y es el silencio que apura,
quien de pronto palidece
ante un amor que merece
algo más que esta amargura.
Extraño dolor que no se cura
en el silencio se desgrana
pidiéndole a Dios que mañana
traiga de vuelta su figura.
Y es que es tan frágil la envoltura
de este corazón cansado
que, vacío, hueco y lastimado,
ya no aguanta más tortura.
Ahora sangran sus costuras
como río traicionero
y hasta encuentra placentero
perecer mientras murmura:
así despido a la tersura
que yace ahora aquí tendida,
la que una vez llena de vida
hoy sentencio a la negrura.
Puedo decir, con holgura,
que no hay remedio posible
ni fenómeno infalible
cuando un amor se fractura.
Quien abrace esta lectura
de un viejo loco y poeta
quizá comparta la receta
que le calme esta rencura.
ESTÁS LEYENDO
Mis insolencias (Retratos y latidos)
PoetryEl mejor retrato de una persona se obtiene al atender a cada locura que surge de su boca, tal vez a base de imprecaciones y verbos con vida propia. A veces sólo basta con dejar que el individuo divague unos minutos, incluso es posible que las insole...