Cap 3: Disculpas

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Llevaban ya un rato caminando en silencio, el recorrido desde la torre a las puertas de la mansión había sido más largo de lo que se había imaginado, pero gracias a ello tuvo tiempo de observar todo lo que a su vista se le fue capaz.

Ambos caminaban por los largos pasillos de la mansión de la familia, era la primera vez que estaba allí. Caminaba en silencio detrás de la espalda del Conde lo suficientemente cerca para no perderlo de vista, pero lo suficientemente lejos para darse la vuelta y huir si la situación lo ameritaba.

A ese paso llegaron a lo que debía de ser el despacho del Conde, ya que este abrió la puerta invitándole a pasar con un movimiento de manos.

-Por favor, pasa- con duda entró a la habitación seguida de él- Tenemos mucho de qué hablar, puedes tomar asiento donde quieras

Sin poder evitarlo comenzó a observar lo que la rodeaba. El despacho del conde era una habitación inmensa compuesta por paredes de color caoba oscura y ventanales. Un gran escritorio de madera pulida con una silla a juego se contraba a un lado de un par de sofás ordenados al rededor de una pequeña mesa de madera, junto a una chimenea encendida.

Al terminar se decidió por sentarse en medio del sofá de tres cuerpos, a continuación el Conde se sentó al frente de ella. Se miraron a los ojos, el ambiente se hacía pesado, ninguno hablaba o desviaba la mirada. Hasta que aquel hombre de cabello rubio pálido se dignó a hablar.

-Realmente te...- hubo un corte en sus palabras, agachó la cabeza dudando si debía de decir lo que iba a decir, y cuando la levantó lo soltó sin duda alguna- Realmente te pareces a tu madre cuando tenía tu edad

De todas las palabras que se imaginó que saldrían de la boca de su padre en ese momento esas eran las menos esperadas. Estaba sorprendida, no sabía que decir, por lo que solo dejó salir lo primero que se le ocurrió.

-No lo sé, jamás la conocí de forma alguna- se mantenía seria frente al Conde a pesar que los nervios la carcomía por dentro- Blair me contó que fue una dama encantadora y que falleció al darme a luz, aún así no me hablaba mucho de ella.

El silencio volvió a restaurarse entre ambos por unos minutos.

-Lo sé, ella me mantenía al tanto de ti día a día, de lo que hacías, hablabas o preguntabas... cada detalle- su voz se sentía lejana, triste como si en algún instante se fuese a romper.

No sabía cómo sentirse o que pensar, todo era tan complicado ¿por qué aquel hombre que la encerró en una torre desde que nació hacía aquello? ¿Por qué preocuparse de esa forma sí la mantuvo lejos por tanto tiempo? ¿No hubiese sido más fácil deshacerse de ella qué tenerla encerrada por tantos años?

-Rouse, sé que te debo una explicación de lo que hice, pero más importante también te debo una disculpa. Quiero disculparme por abandonarte durante tanto tiempo, por privarte de tanto y no haberte brindado una familia adecuada...

"¡No, las cosas no pueden ser así de fáciles. No quiero una explicación, tampoco una disculpa, solo quiero que me dejen en libertad!"

Lo interrumpió- No quiero escuchar sus arrepentimientos, no creo que a estas alturas vayan a cambiar algo.

Quería huir, escapar de ese lugar y tener la vida que jamás tuvo. Sí él se disculpaba, si le rogaba que la perdonara flaquearía, no quería hacerlo. Quería demostrarle el resentimiento que le guardaba por todo lo que pasó dentro de la torre, quería demostrarle lo rota que la había dejado sus decisiones.

-No puedo. No puedo perdonarle por abandonarme en una fría y oscura torre desde que era un bebe por más de dos décadas, por privarme de mis derechos como persona y mi libertad- las ganas de gritar todo lo que había pasado se apoderaban de ella- ¡No quiero una disculpa, ni tampoco perdonarlo!- al decir lo último había levantado tanto la voz que ya casi gritaba.

La Dama MalditaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora