Consecuencias y Castigos

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La actitud de una persona puede decir mucho de si misma, su madurez, su estrato social, su estado de ánimo, si está enferma o.... Si quiere matar a alguien.

Cuando Ania vio entrar a la reina, supo de inmediato sus intenciones, la fuerza con la que sujetaba su aguja, su mirada furiosa, todo hablaba por ella. 

En parte movida por su instinto de supervivencia acomodó sus patas en una posición que facilitara su escape, pero con disimulo, cualquier actitud sospechosa haría que la culpa cayera sobre ella y todavía tenía esperanzas de convencer a Hornet de su inocencia, después de todo, era su leal sirvienta.

—Bien venida a casa su majestad ¿Cómo se encuentra su hija?

—¿Por qué lo hiciste? —Contestó Hornet con  una voz de furia contenida.

—¿Por qué hice que? —Ania parecía tan sorprendida que si Hornet no tuviera pruebas irrefutables hasta habría dudado.

—¡Por qué le hiciste eso a Ren!

—¿De que habla? Yo no he hecho nada, la he cuidado bien, tal como se me ordenó.

—¿¡Te parece que cuidarla bien es dejarla con su hilo acumulándose hasta el punto de enfermarse!? ¡Ren casi muere por eso!

—Lo lamento mi reina, fue un descuido nada más, no volverá a pasar.

—¿Un descuido? ¿¡Y por qué a Silky no la descuidaste!? ¿¡Por qué Ren es la que ha tenido que sufrir todo esto!? ¡Por qué Ania!

—Majestad, por favor no se altere —Ania retrocedió intimidada.

—¡Cómo quieres que no me altere cuando casi matas a mi hija!

—Esas son acusaciones graves, nunca he hecho tal cosa. Es verdad que olvidé retirar el hilo de Ren, pero no fue a propósito.

—¿Y los golpes que tiene tampoco fueron apropósito? ¿Su mala alimentación es solo un detalle?

—¿De qué habla? —Ania seguía tratando de mantener su fachada de inocencia, pero esta ya se caía a pedazos.

—¡Deja de fingir Ania! Ya... Ya no puedes ocultar esto. La matrona la revisó, Ren fue maltratada, golpeada... Quizás no se ve a simple vista pero ella lo detectó... ¿Por qué Ania? ¡Por qué lo hiciste! 

Aunque la voz de Hornet aún denotaba furia, una cierta tristeza y decepción también era detectable, estaba dolida por la traición de una persona en la que confiaba ciegamente, no entendía por qué había pasado todo esto y en su terquedad quería pensar que había una buena razón que justificara su actuar, que quizás podría explicar su comportamiento, aunque su lógica le decía a gritos que lo que hizo era injustificable.

Por su parte, Ania comenzaba a sentir pena por su reina, sus intenciones nunca fueron dañarla, solo quería apartar de ella y de la princesa un elemento que a sus ojos era perjudicial, asumiendo que al final se lo agradecería. Su discreto plan había fallado por motivos que jamás imaginó, a decir verdad ya no tenía mucho sentido seguir fingiendo, solo le quedaba apelar a la comprensión y amistad de Hornet.

—Era por el bien de la princesa...

—¿¡Por el bien de la princesa!? ¿¡Pero de qué rayos hablas!? ¿Qué daño le va a hacer Ren? ¡Es una larva de apenas un par de semanas de edad!

—¡Afectará su desarrollo! La princesa no debería criarse con otros bichos que no sean tejedoras, como heredera de Nido Profundo debe mantener la cultura y las tradiciones del lugar.

—¿Y eso que tiene que ver con que se crie con sus hermanos? La cultura y tradiciones se las enseñaré yo ¡A todos! Los tres aprenderán a tejer, los tres aprenderán a blandir una aguja, los tres celebrarán nuestras fiestas.

JamásDonde viven las historias. Descúbrelo ahora