—Tay... —murmuré sin dejar de mirarle a los ojos. Puse una mano en su cabeza y comencé a acariciarle aún con cierto temor el pelo.
El lobo cerró los ojos y rozó su hocico con mi cuello, haciéndome reír. Puse mi mano en su nariz y lo fui apartando lentamente hasta que le pude mirar bien.
—Aún me cuesta creer que todo esto sea real —rasqué su cuello con ambas manos.
Unos segundos después, dio unos pasos hacia atrás para alejarse de mí, cerró los ojos y comenzó a respirar agitado. Su cuerpo se rodeó de una preciosa luz brillante que, tras unos segundos, dejó paso a la forma del Tay de siempre.
—¿Ya te sientes satisfecho? —me sonrió de lado.
—Sí, bueno... —alcé mi mirada para no verle desnudo y me crucé de brazos, a lo que él rodó los ojos y se acercó a donde tenía su ropa tirada en el suelo—. ¿No tienes frío?
—No —carcajeó a la vez que se empezaba a poner los pantalones—. Los hombres lobo tenemos la temperatura corporal mucho más elevada de lo normal —se encogió de hombros una vez se los abrochó.
—Entiendo... —le miré al fin y fruncí el ceño.
—¿Sabes? En los escasos minutos que he estada con mi forma lobuna, te he sentido mucho más receptivo conmigo de lo habitual —añadió al meter su camiseta por la cabeza.
—¿Eh? —alcé una de mis cejas.
—Me has acariciado —me dedicó una sonrisa pícara, provocando que apartara la mirada hacia un lado, puesto que no sabía reaccionar a aquellas palabras—. ¿He dicho algo malo? —preguntó preocupado al ver que no le miraba.
—No, no —negué con mi cabeza avergonzado.
—Ah... —se rascó algo cortado el cuello—. Bueno, será mejor que volvamos a casa —cogió su mochila y, tras echársela al hombro, anduvo hasta mí.
—Sí, mejor —asentí aún sin mirarle y le seguí una vez comenzó a caminar.
A pesar de mi insistencia con que no hacía falta que me acompañara a casa, Tay no me hizo caso alguno. Lo de que le viesen conmigo para mí era lo de menos, pero me empezó a poner histérico el incómodo silencio que se formó durante todo el trayecto. Sin embargo, a él parecía que ni le importaba.
—¿Vas a quedarte aquí o también necesitas llevarme a mi habitación? —dije una vez estuvimos en la valla de mi jardín.
—Como quieras —soltó una carcajada, metiendo sus manos en los bolsillos de su pantalón.
—No, gracias —puse mi mano en su pecho e intenté darle un empujón leve, pero me fue imposible.
—Nunca tendrás mi fuerza —vaciló con una sonrisa pícara.
—Eso ya lo veremos —me crucé de brazos.
—¿Por qué estás tan nervioso? —preguntó intrigado, olisqueando a mi alrededor—. Hueles raro —murmuró una vez se colocó recto de nuevo.
—¿Por qué iba a estar nervioso? —tartamudeé; su gesto me había incomodado.
—Tú sabrás —alzó una ceja.
—Me voy —contesté algo apático a la vez que me daba la vuelta—. Nos vemos mañana en el instituto aunque sea a distancia —giré levemente mi cabeza para mirarle y le guiñé un ojo.
Tay se quedó mirándome preocupado, como si quisiera decir algo más, pero finalmente se mantuvo en silencio. Una vez llegué al porche, volví a girarme para ver si seguía allí, pero ya se había marchado. Entré por la puerta y, además de saber que mi padre se encontraba allí por estar bajando las escaleras, olí que se acababa de dar un baño, ya que el aroma del champú impregnó toda mi nariz.
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LUNA LLENA
General FictionRegresar a Dark Hills no era el futuro que Aiden Gold deseaba. Vivir de nuevo con un padre ausente desde hacía años fue solo el comienzo de una vida que dio un giro desde la primera noche bajo una luna llena que parecía observarlo todo. Todo cambió...
