Capítulo 1.

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Llevaba un par de horas encerrado en el coche con una persona a la que apenas conocía, pero que se hacía llamar mi padre. El último recuerdo que tenía de él era de hacía diez años, cuando yo tenía siete. Era navidad y se molestó en ir a Seattle a llevarme un regalo, el cual nunca llegué a abrir.

Mis padres se habían divorciado cuando yo tenía tres años. Mi madre me llevó con ella a Seattle, ya que mi padre no puso impedimento alguno para ello, o al menos eso fue lo que ella me había contado desde siempre. En realidad, nunca había extrañado tenerle cerca, ya que mi madre, cuatro años después, se casó con un buen hombre que me crió como si de su propio hijo se tratase. Desgraciadamente, tanto mi madre como él habían fallecido en un accidente de coche una noche en la que llovía era tan fuerte que apenas se podía ver. Por lo tanto, me tocaba quedarme con mi otro tutor legal hasta que cumpliese los dieciocho años. Para empeorar las cosas, mi padre vivía en un pueblo alejado de todo al norte del estado de Washington, lo que significaba que tenía que dejar mi vida en Seattle para hacer una nueva en Dark Hills. Al parecer no tenía bastante con haber perdido a mi madre, sino que también debía sufrir convivir con un desconocido.

Lo que más me estaba repateando era que había descubierto que me parecía más a él que a mi madre. Ambos teníamos la piel blanca, el pelo rubio oscuro y los ojos de un tono azul grisáceo. Aunque apenas se vieran, se podía apreciar que había tenido pecas en su nariz, tal y como las tenía yo entonces. Nuestro parecido físico me hacía sentir más rabia aún de la que ya tenía.

—¿Quieres que ponga otro tipo de música? —preguntó Mason, mi padre, mirándome de reojo, ya que no se atrevía a hacerlo directamente.

—Me da igual —me encogí de hombros y dejé caer mi cara sobre la mano del brazo que tenía apoyado en la ventanilla.

—Aiden, soy consciente de lo duro que debe de ser para ti todo esto, pero te prometo que haré lo posible para que estés bien, o al menos cómodo —dijo sin apartar su vista de la carretera, aunque se podía notar lo tenso que también estaba.

—Si tú lo dices... —murmuré, mirando la arboleda a pocos metros de la carretera.

Mi padre no volvió a hablar, simplemente soltó un suspiro y siguió conduciendo hasta que llegamos a la casa; aquella que se suponía que fue mi primer hogar hasta que mi familia se rompió. No era nada extraordinaria, pero no estaba nada mal. Al fin y al cabo, mi padre era el shérif del pueblo, qué menos que tener una casa en condiciones. La madera de la que estaba construida era blanca, pero parecía como si tuviese reflejos plateados debido a lo nublado que estaba el cielo, y las tejas eran de color negro.

Me bajé del coche y cerré con fuerza la puerta del copiloto justo después de colocarme bien la mochila en el hombro. Me quedé observando la fachada mientras mi padre cogía el resto de mis maletas del maletero. Cuando escuché cómo chocaban las cajas en las que había metido mis cosas, me volteé hacia él y, al ver que casi se le caía una de ellas, rodé los ojos y me acerqué.

—Puedo llevarlo yo todo, no necesito tu ayuda —comenté sin mirarle siquiera y agarré la caja que tenía entre sus brazos.

—¿Estás seguro? —preguntó confuso—. Son muchas cosas —intentó coger de nuevo una de las maletas que le había obligado a soltar, pero le agarré de la muñeca.

—Estoy bien sin ti —farfullé, matándole con la mirada.

—Entiendo... —asintió con suavidad y suspiró—. Iré abriendo la puerta entonces —sacó las llaves del bolsillo de su cazadora y las agitó. Esperó a que le hiciera algún tipo de gesto, pero, como vio que no, se giró y comenzó a caminar hacia los escalones que había para subir al porche.

Tras un par de minutos en los que estuve llevando todas mis cosas hasta el recibidor de la casa, mi padre se ofreció a enseñármela. Lo acepté porque iba a vivir allí y obviamente necesitaba saber dónde estaba cada lugar, no porque quisiera compartir más tiempo con él.

LUNA LLENAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora