Capítulo 66

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Parada frente al espejo observó la gran cicatriz sobre su pecho, lo miró con detenimiento mientras sus largos y fríos dedos acariciaban aquella cicatriz lentamente. Sintiendo su deformada piel temblar por la fría caricia de sus dedos, mientras que vagamente los recuerdos llenaban su mente.

Una sonrisa amarga se dibujó en sus labios. Era horripilante, aquella cicatriz le mostraba cuán ingenua había sido, cuán tonta fue al creer en los cuentos de hadas.

-Mi príncipe azul....¡Ja¡-soltó una gran carcajada burlona -Fui tan idiota al creerlo.

El príncipe azul no existía más que en los tontos sueños.

Para ella, ese príncipe azul del cual cayó enamorada no resultó más que un monstruo que destruyó su vida. No la amó, solo la usó.

Sus noches solo eran pesadillas en las que recordaba aquellos días, los recuerdos dolorosos y culposos la carcomían por las noches. No había ni un solo día en que pudiera descansar.

Sin embargo, a pesar de todo ella continuó mirándose en el espejo , las comisuras de sus labios se extendieron en una gran y victoriosa sonrisa.

-Hoy por fin podré vengarme de ti, César.

Giró sobre sus talones y observó al individuo atado y amordazado en una silla de metal. Rio al verlo tan vulnerable.

Le faltaba casi nada para vengarse, después de todo su esfuerzo no había sido en vano.

Tantos sacrificios para llegar a ver ese día.

-Por fin, por fin tendré esa satisfacción de verte derrotado-se acercó a él observándolo con asco -Lloraras y me suplicaras perdón de rodillas mientras tu amada e hijo estén siendo asesinados delante de ti. Ahora serás tú quien llore , y lo veré en primera fila.

Quitó su mordaza y se sentó frente a él.

-¿Qué te parece, César?

-Eres un maldito monstruo, Verónica.

-Lo somos, querido César - replicó burlona.

-¡No soy como tú!

Ella sonrió y rio a grandes carcajadas.

-¿No lo eres? ¿Acaso no secuestraste a tu esposa porque tenías celos de tu propio hijo? ¿Acaso no la forzaste a estar contigo?....Y no olvides esto-señaló la cicatriz en su pecho.

Su rostro de desesperación cambió revelando su verdadera personalidad, mostró su verdadero rostro.

- Así que lo sabías- murmuró burlón - Aún hay cosas que no sabes, mi adorada mate.

-Por fin muestras tus verdadero rostro.

- Yo también te extrañé, querida- continuó - No sabes las ganas que tengo de rodear tu cuello con mis manos, y romperlo una y otra vez.

- Aprecio tu cariño hacia mí, César.

-Oh linda, sabes que siempre has estado en mi cabeza. Ya sabes...no puedo dejar atrás a la linda madre de mis hijos, mi hermosa e inocente mate, Verónica.

Gruño al oírlo, le asqueo su burlescas palabras.

- ¿Cómo están mis hijos? - rió.

Lo odiaba, aborrecía con todo su corazón a ese hombre. Apretó los puños, sus largas y filosas uñas se clavaron en su palma haciéndola sangrar.

- Eres tan aberrante- masculló con fiereza.

-No lo soy , linda, cuidé muy bien de uno de ellos.

Atado a EllaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora