39. Zombis, rinocerontes y salvavidas

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Pero cuando iba a salir del baño, cuando ya había reunido el valor para girar el cerrojo y enfrentarme a lo que fuera (y lo que fuera sólo podía ser Natalia tirado en el suelo sangrando, muerta), toda la puerta retumbo a lo bestia.

¡¡¡POM POM POM POM!!!

Y luego, la voz inconfundible de un zombie: Natalia, una muerta viviente.

-¿¿¿DE QUE VAS??? ¡¡¡ESTAS LOCA!!!

Y luego, más pasos. Y la voz de mosquita muerta de Blanca diciendo que pasa que pasa que pasa y una manada de rinocerontes entrando a la carrera y diciendo que pasa que pasa que pasa. Y la voz que había ignorado unos minutos antes, la voz preocupa de Pinilla diciendo: «Luján».

Luján..

Me agarre a esa voz como a un salvavidas, la localice mentalmente a la izquierda de mi cuartucho, cerca de la puerta de salida, cerré los ojos un instante, que tome, aire, giré el cerrojo y salí a la carrera con mi doble radar detecta-amigas / esquiva-zombies.

Cogí a Pinilla de la mano y la arrastré corriendo fuera de ahí.

-Está bien, ¿verdad? - pregunté a Pinilla pensando en Natalia y su factura de base de cráneo.

Pero Pinilla no estaba preocupada por Natalia.

-¿Dónde te habías metido? - me dijo -. Te he llamado mil veces. No me cogías. Te he mandado ochenta mensajes. Has estado un montón de rato fuera. Y eso de salir así corriendo... Te he estado buscando...

En sus frases cortas, disfrazadas de regañina, reconocí ese mismo tipo de amor que practica mi madre.

Y volví a echarme a llorar.

Croquetas y wasaps - Begoña OroHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora