En el parque, el viento nos despeinada y juntaba mis mechas de pelo con las de Lucas mientras yo le contaba la última versión de la muerte del padre de Unai. Esta vez, según Unai, y lo que había sucedido es que a su padre le había dado un ataque de risa mientras veía una película y el ataque de risa acabo en ataque al corazón. Se notaba que Unai estaba de buen humor últimamente.
-¿Sabes que es verdad? - le dije a Lucas mientras me retiraba un mechón de pelo que se había pegado en mi brillo de labios.
-¿El qué?
Que el padre de Unai estaba muerto ya sabíamos que era verdad.
-Que hubo un hombre que se murió de un ataque de risa viendo una peli - le respondí.
Lucas no dijo nada, pero yo casi podía oír las ruedecitas y los engranajes gritando en su cerebro, pensando en otra cosa. Lo malo es que no tenía ni idea de en qué pensaba. Y lo peor es que estaba claro que no pensaba en mí. Incliné la cabeza sobre su hombro, pero no pareció darse cuenta. Me puse a dar vueltas a la pulsera en su muñeca.
-¿Me has oído? - le pregunté.
-Eh... sí, sí - respondió como ido.
-Era un otorrinolaringólogo de Dinamarca, el hombre que murió de risa.
Pena que no estuviera mi madre para oírme, con lo que le gustan las palabras largas. Un o-to-rri-no-la-rin-gó-lo-go de Di-na-mar-ca sería un novio perfecto para ella.
-Estaba viendo Un pez llamado Wanda - seguí - ¿La has visto?
Pero Lucas no me respondió. Desde que había nombrado a Unai, él se había trasladado a otra galaxia. Nada que tenga que ver con Unai parece interesarle mínimamente. Lucas y Unai llevan practicando el deporte del despredio prácticamente desde niños.
-Me gustaría verla - dije intentando centrar la conversación en otra cosa.
-¿El qué?
-Me gustaría ver una pelicula que es capaz de matar de risa a alguien - seguí con mi monólogo - pero lo que de verdad me gustaría es... - dije levantando los ojos hacia él.
En ese momento, en las películas, el chico deja de mirar al horizonte y las ruedecitas de su cerebro dejan de pensar en su moto o lo que sea, y el chico se vuelve hacia la chica y la mira a los ojos y suena una música que te convierte el corazón en una esponja y del sol sale un rayo sólo para los dos y la frase que es interrumpida para siempre por un beso. Pero aquello no era una película, y Lucas no se volvió hacia mí, y el viento seguía cortandome la cara y llevándome mechas de pelo a la boca, y había un perro histérico ladrando a otro perro en el parque, y a mi estaba a punto de darme una tortícolis de tanto girar la cara hacia Lucas; así que tuve que acabar yo solita la frase:
-A mi lo que me gustaria que un chico «llamado» Lucas Falcón ne diera algo «llamado» beso.
Entonces me incorporé para mirarlo mejor y concentré toda mi fuerza mental en mi boca y en el nuevo gloss. Desde mi cerebro, como quién pulsa el interruptor de una lámpara, di la orden de encender esos brillos, y ya me imaginaba que mi boca era como una guirnalda navideña de esas que se encienden y se apagan, sse encienden y se apagan un neón resistible donde pone: bésame <y se apaga> bésame <y se apaga> bésame...
Pero un chico llamado Lucas debía estar con la cabeza en otro país llamado Dinamarca porque no veía ni las luces ni el brillo de mi gloss ni mi cara de perrillo. Así que fui a la que tuve que acercar mi cara la suya.
Y cuando lo hice, cuando puse a prueba al poder adhesivo de mi gloss pegando mis labios a los labios de Lucas a él le dio por hablar.
-No ee e...
Unos segundos después, cuando Lucas venció el poder adhesivo de mi gloss Pegatón y despegó sus labios de mis labios de araña fracasada, lo que dijo fue exacta y claramente:
-Que esto no puede ser, Clara. No estoy preparado para... para... para... - así, tres veces: «para... para... para...», y al final -: No puede ser.
Lo que no puede ser es que un chico que tenga dejarte cuando has decidido que será el primer y el último chico al que bese, y cuando lleva los labios llenos de gloss, de TU gloss.
Yo me quedé mirando su boca llena de puntitos brillantes, como de purpurina.
Tenía que parecer ridículo. Tenía que ser como para qué te diera un ataque mortal de risa. Pero era Lucas Falcón y...
No, no, no.
Estaba a punto de hacerlo.
Primero esa chispa en los ojos. Luego ese leve temblor en los labios, y al final...
Lo hizo.
Explotó.
Esa bomba, es arma de destrucción masiva: la SONRISA en su cara.
Y yo cerré los ojos como el 85% de las veces que le veo sonreír.
Ahí estaba. Don Sonrisa Desarmante con sus labios ridículamente llenos de gloss de mi gloss, pidiéndome que le dejara en paz. Justo eso. Pidiendome lo único que no le podía dar: mi INDIFERENCIA.
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Croquetas y wasaps - Begoña Oro
DiversosLo de las croquetas tardamos un tiempo en descubrirlo, y lo de la tristeza... Bueno, la tristeza fue posandose poco a poco, como una lluvia fina de esas que te van calando. Porque hay cosas de las que uno no se da cuenta hasta que pasa un tiempo. So...
