43. Universo pararlelo

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Así, en esa misma posicion, con la boca abierta, me encontraron Pinilla y Zaera.

-¿Estás bien, Luján? - me preguntó Pinilla mirando el cadáver de bocadillo que había a mis pies.

«No», le dije con la cabeza. Y me puse los cascos.

Pinilla le hizo un gesto a Zaera para que se fuera. Él se alejó y Pinilla, con delicadeza, me separo el casco del oído derecho.

-Luján... - me susurró.

-Ahora no - le dije apenas sin voz.

Ella se quedó a mi lado y luego me acompañó al autobús. Sentía su aliento hay detrás, sus manos que me empujaban suavemente hacia lo alto de la escalera y luego a lo largo de ese pasillo estrecho lleno de ojos a izquierda y derecha. Me sentía como esos presos que salen en las películas, esos que van pasando una celda tras otra mientras desde dentro de jalean unos tiarrones que llevan escrito en la cara, en los tatuajes y en los músculos que nacieron para matar. Sólo que a mí no me amenazaban. A mi se limitan a dedicarme esa segunda versión de la mirada detecta-locos. Si, la primera versión de una mirada asi viene a decir: «Yo soy normal, yo no estoy loco, yo soy superior a ti». Pero la segunda versión dice: «Me das MIEDO».

Si decían algo de mí, no lo sé. No lo quise saber. Con los cascos puestos a todo volumen sólo oia a los Arcade Fire, Une anneé sans lumiére. Ahí estaba yo, en un universo paralelo de guitarras, batería y, en el fondo de la canción, de mí, de todo... silencio. «Hey!», decidí que se había acabado el silencio y escribí:

Hey! ¿Sabes que sé de ti?

Pinilla me miró de reojo y yo me encogí de hombros.

Casi al momento, a través de los cascos, un sonoro «diiiing» interrumpía a Win Butler y en mi móvil aparece un mensaje de Unai diciendo: Qué.

Y yo le contestaba: Sé lo que nos has dejado saber.

Y luego, después de un rato meciendome en la indecisión, en otro mensajito, cuando la guitarra metía prisa, y sonaba como una pandereta, y yo sentía otra vez ganas de correr pero estaba metida en un maldito autobús, el guepardo que hay mi escribió: Que necesitas matar a tu padre está la semana.

La música siguió corriendo por mí hasta que se desvaneció el último acordé, se hizo el silencio y entonces, en ese tiempo muerto entre canción y canción, Unai dejó de estar en linea.

Croquetas y wasaps - Begoña OroHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora