42. Lucha en la sabana

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¿Qué hace un guepardo cuando una gacela le vacila? Está claro: lanzarse sobre ella con la boca abierta y con ganas.

Y eso hice yo con Unai.

¿Que matara el recuerdo de Lucas? ¿Que matara su recuerdo?

Vale, si. Conozco la reglas básicas de convivencia humana:

° no llamarás feo a la cara a un feo;

°no dirás "no te quiere" alguien que quiere que le quieran;

°no recordaras a nadie que murió alguien que le quiso mucho (su padre, su abuela, un amigo...), y que por tanto ahora es un ser menos querido...

Pero yo no era una humana. Era un guepardo, y los guepardos no se detienen ante nada. Y allá fui:

-¿Pero quién te has creido que eres? ¿Me vas a veni tu a dar lecciones de como matar un recuerdo? ¿TÚ? Mírate, Unai, con tus camisetas negras, tus jerseys negros, tu vida negra... con tus estúpidas versiones de la muerte de tu padre. Pero ¿como me puedes decir a mí que mate el recuerdo de Lucas? Si tan fácil fuera, ¿no crees que ya lo habrías hecho tú? TÚ, qué llevas hasta los calcetines de deporte color negro; que eres y siempre serás el pobre-niño-que-perdió-a-su-padre-cuando-era-pequeño; que llevas más de diez años sin lograr matar el recuerdo de tu padre. ¿Me vas a decir que lo que tengo que hacer? ¿A MÍ, mí que llevo una cazadora blanca?

-Marrón - dijo en voz baja Unai.

-¿Como?

-Marrón. Llevas toda la espalda de la cazadora marrón será - dijo Unai -. Será por tumbarte en el barro.

Yo callé y note como empezaba a ablandarme igual que el pan se ablanda bajo el sudor de mis manos.

Entonces Unai habló, con la misma pachorra que siempre, pero había algo distinto en él. Era como si ahora fuera más pequeñito, quiero decir, menos inmenso. Y me dijo afilando esos ojos llenos de pestañas, con ese aire nuevo de gigante encogido:

-Ni siquiera te has molestado en averiguarlo.

No me hizo falta que especificara el qué.

Mis manoa se reblandecieron definitivamente y el bocadillo se me cayó al suelo.

Abrí la boca. Pero no me salió ni una palabra. Era verdad. Tan amiga de las adivinanzas que digo ser, había tenido la gran adivinanza delante de mis narices desde los cuatro años y no me habia molestado en intentas averiguarla. Unai se dio la vuelta y se fue.

Es lo que les pasa a los guepardos cuando a mitad de bocado abren las fauces y se quedan empanados: que se les escapan las gacelas.

Croquetas y wasaps - Begoña OroHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora