30. "-No jueges conmigo."

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Narra Kendall McCartney

Empujé la puerta del Starbucks y entré en el lugar. Miré hacia ambos lados y encontré a Paul en una mesa, mirando su celular. Me acerqué a él y me senté en la silla frente a él.

—Hola.–saludé poniendo mi bolso a un lado.

—Hola.–me sonrió– ¿Hoy hace frío, no?–asentí. Para peores tuve que tomar el maldito autobus hasta aqui.

—Mucho.

—Bien, ¿te parece si pides un café o algo para calentarte y empezamos?–asentí nuevamente. Tomé mi cartera y me puse de pie, para ir hasta el cajero y pedirle un Capuccino descafeinado. Al par de minutos me lo dió y le pagué, para volver inmediatamente a mi mesa con Paul.

Tomé un sorbo de mi bebida caliente, ganándome una quemada de lengua épica.

—Dime algo... ¿por qué estamos aquí?–preguntó.

—Dijiste que querías charlar conmigo a solas.

—Sí. Ahora, ¿por qué fuiste a Rouge el viernes?

—Porque creí que podía volver a... a bailar.–confesé avergonzada. Él me había visto hacer... lo que sea que había hecho en frente de todos. Talvez él estaba aquí solo para explicarme con más detalles qué tan feos eran mis movimientos y decirme con más crueldad por qué no debía volver a su grupo.

—¿Por qué lo creíste?

—Porque yo... yo bailaba.

—Error.–lo miré confusa– Tú bailas.

—¿Acaso no viste lo que hice el viernes? Fue demasiado vergonzoso.–me tapé el rostro con las manos.

—Debiste habérmelo dicho.

Cierto, pero algo dentro de mi, me decía que si quería bailar, solo debía dejarme llevar por el ritmo de la música y dejar que cada centímetro de mi cuerpo estuviese seguro. Yo me sentía segura... me sentía.

—Lo sé.

—¿Entonces por qué no lo hiciste?–me dejó sin respuesta, si yo sabía que debía ir lento ¿por qué no se lo dije?

—No volverá a pasar.–prometí.

—Eso espero...–dijo y tecleó en su celular un par de veces y luego lo puso en la mesa– Pero te llamé principalmente para... Mmm... hacer un trato.

—¿Trato?–pregunté confundida.

—Sí, ya sabes, yo te doy algo y tú me das algo de vuelta. Es como un negocio.–explicó.

—Bien... ¿y de que trata?

—Muy bien, el trato es el siguiente: Te ayudo a volver a bailar, si tú me ayudas a inscribir a Rouge en la competencia que hacen en Washington.

¿Volver a bailar solo por poner “Rouge” en una lista?

—¿Y cómo piensas ayudarme? Como pudiste ver el viernes, soy un caso perdido.–negó con la cabeza.

—He visto los videos Kendall, sé que puedes volver a la pista.–su tono de voz me dió esperanza... me la creí.

—No juegues conmigo.–lo señalé.

—No lo hago.–dijo riendo. Su celular sonó en la mesa y lo tomó– Disculpa.–contestó sin moverse de la mesa. Yo saqué mi celular por igual y empezé a vagar por mis aplicaciones mientras Paul hablaba– ¿Por dónde estás?... Ajá... Ese semáforo dura un poco, pero ya saldrás de ahí.–rió levemente– Okey mira, cuando llegues a la esquina después del semáforo, encontrarás un Starbucks… Sí... Sí... Okey, nos vemos.–y colgó.

Kendall y KendallDonde viven las historias. Descúbrelo ahora