Narra Kendall McCartney
Desperté cuando escuché a mi celular sonando. Demonios, había olvidado bajarle el sonido.
Lo dejé sonar, estaba demasiado cansada para levantarme a tomarlo, así que me quedé en mi cama. En algún momento se cansarían de llamar, ¿no?
Dejó de sonar e intenté volver a dormir. Imposible. El aparato blanco volvió a sonar y me obligué a mí misma a abrir mis ojos. Estiré mi brazo y tomé mi celular, en el cuál se proyectaba el nombre de Kendall.
Fruncí el ceño, ¿por qué me llamaba a esta hora?
—¿Kendall?–llamé cuando contesté la llamada.
—Ken... ¿Te desperté?–su voz se arrastraba, ¿había estado bebiendo? Oh claro, se me olvidaba algo... hoy era viernes de fiesta– No no, obvio que te desperté–rió–, no hay nadie despierto a esta hora. Excepto yo... y tú ahora.–rió otra vez.
—Kendall, ¿cuánto tomaste?
—No demasiado, pero sí bastante.–volvió a reír. Amaba su risa, excepto cuando estaba ebrio.
—Bien, si era solo eso, creo que voy volver a dormir y tú necesitas hacerlo también.–le aconsejé.
—¿Dormir? Si me duermo ahora, estrellaré el auto.–rió.
—¡¿Estás conduciendo?!–exclamé.
—Sipi dipi.
—Kendall, para ese auto ahora.–le ordené asustada. Estaba ebrio, también estaba lloviendo y estaba hablando por teléfono, ¡era un maldito imbécil!
—¿Qué? No, no eres mi mamá.
—No seas infantil y para el auto ya, puedes tener un accidente.–no quería ni imaginarlo– Aparca el auto y yo iré a buscarte.
—No no, de eso... de eso nada.
—Para ya.–ordené– Ve a tu casa andando.
—No, claro que no.–rió como estúpido de nuevo– ¿Te molesta si me quedo en tu casa? Papá me cagará si me ve llegar borracho.
—¡¿Qué?!–exclamé– No no, no puedes venir. Mis padres están durmiendo y...
—Tarde.–me interrumpió y cortó la llamada.
Al instante, vi como unas luces atravesaban la tela de mis cortinas. Rápidamente me puse de pie y bajé las escaleras silenciosamente, aunque estaba cayendo una tormenta espantosa afuera, no quería despertar a nadie. Me matarían si supieran que estoy metiendo un borracho en mi casa durante la madrugada.
Pero no pasaría, yo iba a matar a Kendall antes por ser un imbécil.
Al abrí la puerta de la entrada y el aire frío golpeó mi cuerpo, que solo llevaba una blusa de tirantes y un pantalón de pijama a cuadros. Un suéter no habría sido mala idea, ¿no?
Miré a Kendall bajar del auto y correr a tropezones hasta la puerta. Donde se sacudió el cabello y sonrió.
—¿No te alegras de...?
—¡Shh!–exclamé– Vamos.–susurré y cerré la puerta. Sentí su mirada atravez de la poca luz, mientras pasaba a su lado y cruzaba el living. Cruzé con facilidad, ya que me sabía el “camino” de memoria.
Escuché una risa casi silenciosa, volteé y encontré a Kendall sobre un sofá, como si hubiera caído sobre él.
—¿Qué te pasa?–pregunté molesta mientras él seguía riendo. Rodé los ojos y me acerqué a él, tomé su mano y sentí como los vellos del brazo se me erizaban. Entrelazé sus dedos con los míos y decidí llevarlo hasta mi habitación. Al llegar lo dejé entrar y cerré la puerta atrás de mí.
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Kendall y Kendall
Roman pour Adolescents[ACTUALMENTE EN EDICIÓN] Kendall es egocéntrico y Kendall es sencilla. Kendall es un idiota y Kendall es lista. Kendall es narcisista y Kendall es humilde. Kendall cree que con un par de ojos verdes y un cuerpo perfecto tiene al mundo en la palma de...
