Les mentiría si les dijera que luego de eso nos besamos. No.
En vez de eso, fue a llamar al restaurante de comida china (era mi resturante favorito, pero no se lo dije) para pedir algo de comer, y gracias a eso recordé que ella no sabía cocinar, así que la molesté diciéndole cuántas recetas diferentes sabía hacer, hasta que llegó el repartidor de comida china que no era chino.
Comimos y luego nos lanzamos al sofá para ver una película. Esta terminó y luego empezó otra.
Luego pensé: ¿Por qué ver una película sentado, si te puedes acostar? Y eso hice, me acosté de lado sobre sus piernas y a ella pareció no importarle, ya que puso una mano sobre mi mejilla y empezó a trazar suaves círculos irregulares. Levanté mi vista hacia su rostro que solo era iluminado por la luz que proyecta la pantalla de la T.V...
Kendall era realmente linda. No, en realidad linda le quedaba corto...
Era jodidamente interesante y en realidad estaba pensando en el hecho de que me g... atraiga.
Sí. No estaba enamorado ni me gustaba... solo me atraía. Genial, ahora podía decirles a todos eso... excepto a ella, que se reiría de mi hasta que se deshidratara.
Talvéz no tan así, pero sí creo que ella se reirá mucho... Ella dijo que sentía varias cosas y eran exactamente las mismas que yo sentía, eso significaba que yo también le gus... atraía.
No, era una tontería.
Bajé mi mirada al televisor y noté que ya estaba terminando la película. Esperé hasta el final, para luego voltearme hacia arriba y mirarla. Ella me estaba mirando con una sonrisa, apagó la televisión, dejándonos solo con las luces de la cocina, que apenas nos permitían ver.
Ella bostezó tapando su boca.
—Tengo algo de sueño.–confesó y sonreí.
—Duérmete.
—Claro que no dormiré hasta que te vayas.–dijo riendo medio dormida.
—¿Me estás echando?–me senté y alzé mis cejas.
—No–rió–, para nada. Solo que no creo que sea buena idea dejarte solo rondando en mi casa.
—¿Ahora me tomas de ladrón?–me hice el ofendido.
—Para nada.–sonrió y miré su sonrisa blanca. Jesucristo.
Narra Kendall McCartney
Sus ojos miraban mis labios, ¿estaba pensando en besarme? ¿O era solo idea mía?
—Kendall...–dije intentando llamar su atención. Y lo logré, su vista subió hasta mis ojos y me miraron fijo– Te…–aclaré mi garganta– ¿Te puedo hacer una pregunta?
—Claro.–sonrió.
Bien, era ahora o nunca.
Boté el aire que retenían mis pulmones y me decidí a hablar:
—Tú... ya sabes... ¿Por qué siempre me... me besas?
Me miró fijo.
Esa pequeña y mísera pregunta la planteé mientras mirábamos las películas, y siempre había intentado buscar una respuesta al por qué tantos besos, si ni siquiera éramos algo... formal.
—¿Te digo la verdad?–asentí– Solo quería comprobar qué siento. No sé si ya te lo había dicho, pero yo estoy realmente confundido con lo que siento... O estaba.
¿Estaba? ¿O sea que ya no?
—¿Tú sientes alg...?
—Me atráes.–interrumpió y suspiró– Eso fue más sencillo de lo que creí.–se dijo a sí mismo.
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Kendall y Kendall
Jugendliteratur[ACTUALMENTE EN EDICIÓN] Kendall es egocéntrico y Kendall es sencilla. Kendall es un idiota y Kendall es lista. Kendall es narcisista y Kendall es humilde. Kendall cree que con un par de ojos verdes y un cuerpo perfecto tiene al mundo en la palma de...
