Regla #7: Tu día más sombrío será aquel en que no puedas encontrar al amor de tu vida.
16 de diciembre de 2020
Acepto bajar del tejado para hablar con Marina. No me atrevo a llamarla "mamá" ni siquiera en el silencio de mi mente. Ella no se merece esa distinción. Sigo preguntándome qué diablos quiere conmigo. Ya me vio en persona, hasta cruzamos palabras. Sería una completa estupidez el que esa señora creyese por un solo momento que me atrevería a abrazarla y llorarle por tenerla frente a mí.
Tuve una infancia sin mamá de por medio. ¿Acaso es justo eso para cualquier niña? Marina no merece que ni la vea a la cara. ¿Qué busca? ¿Una enorme segunda oportunidad de enmendar su error? ¡SÍ! Estoy segura de que fui el error de su vida. No hay otra explicación para que le dejara toda la responsabilidad a mi papá.
¡La detesto!
Si aún no he destruido todo lo que tomen mis manos es debido a Mika. Al menos, mi papá tuvo la sabiduría de pedirle que viniese a cuidarme. Sí, mi novia me lo acaba de confesar. Ella sabía que muy probablemente mi madre aparecería en alguno de estos días.
Me lavo el rostro ante de aparecerme en la sala. No le daré el gusto de verme las lágrimas que he derramado por su culpa. Inhalo y exhalo profundamente un par de veces intentando calmar a mi alocado corazón que anhela escapar fuera de mi pecho.
No se me mueve ni un pelo cuando el rostro de Marina se ilumina al verme regresar a la sala. Mi expresión se torna neutra cuando la miro a los ojos, pero ello solo la hace lucir más alegre. ¿No entiende que a la última persona que deseo ver en el mundo sería a ella? Así me cuente la historia más conmovedora y adornada que existe no agrietará a mi corazón de acero fundido.
Sin embargo, mi idea es equivocada. Lo que Marina hace no es más que preguntarme sobre mi vida. Y yo accedo a responder con recelo, pero solo al principio. Poco a poco voy tomándole "confianza" a esa charla que se alarga durante un par de horas -las cuales siento como minutos-.
Le cuento sobre cómo empecé a practicar fútbol en la escuela cuando viví en Alemania. Luego, en el high school al venir a Londres y las pruebas que pasé en el Chelsea hace ya un año atrás. Ella no parece tan desinformada ya que comenta detalles precisos como la fecha y rival al que le anoté mi primer gol siendo profesional. O el hecho de que hoy ha sido mi primera vez siendo titular.
Claro que hay cosas que desconoce. Estas son mucho más personales como mi comida favorita, mis pasatiempos y las cosas que no haría por más aburrida que me encuentre. Llego a reírme un par de veces con ella al darme cuenta que tenemos cosas en común, y hasta olvido que debo detestarla. Pero esa experiencia es efímera. El corazón se me vuelve a endurecer al comprender que tengo en frente a la mujer que me dio la vida, pero que no quiso compartirla conmigo.
En cierto momento, me atrevo a preguntarle si rehízo su vida. ¿Tendré algún hermano o hermana al que pronto conoceré? Yo no soportaría la idea de hacer de "hermana mayor". Gracias al cielo, vuelvo a estar equivocada. Marina ha estado soltera todo este tiempo -casi como mi papá-. Y según dice, su único compromiso es con el trabajo. No sé si intenta convencerme de que renunciar a mí ha valido la pena ya que posee un excelente puesto en un importantísimo bufete de abogados. Siento desilusionarla, pero me importa una mierda que sea la mejor abogada del mundo. Nada compensará jamás el haber crecido sin una madre que a la que jamás le interesé.
- Me parece justo preguntarte, Gianna, ¿tú tienes novio?
No puedo evitar echarle una fugaz mirada hacia el sofá donde está sentada Mika. Ella sonríe de inmediato y me atrevo a responder.
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Las Reglas del Juego
RomanceGianna, una joven promesa en el fútbol. Mika, una talentosa y famosa pintora de arte abstracto. Ambas unidas por los caprichos de la vida: Mika es la novia veinteañera del papá de Gianna. Un inesperado y tonto... beso romperá con las reglas del jueg...