Sophia arrastró sus pies hasta su departamento esa misma noche, sentía los músculos del cuello a punto de empezar a hacer ruidos raros, el encuentro con Owen la dejó intranquila, sintiendo que se estaba metiendo en un enorme agujero negro del que no sabía nada. Giró la llave en al cerradura y suspiró de alivio al entrar y encontrar todo perfectamente ordenado y sin olor a encierro, definitivamente Bruna había hecho un buen trabajo, la joven dejó la mochila en un sofá antes de dirigir la vista a su pequeña sala donde se encontraba un enorme ramo de rosas rojas en el centro de su mesa de té, ella frunció el ceño y se acercó, al lado del florero encontró una nota.
-Hay una rosa por cada día en el que no te veo. Te extraño muchísimo. William
Ella se llevó la nota a la cara y la olió, la fragancia de Bill llenó sus fosas nasales, con una sonrisa acarició una de las flores, amaba a ese hombre más de lo que quería admitir. William Weasley siempre sería el amor de su vida.-
El viernes llegó como una ráfaga, casi sin darse cuenta se encontraban a la espera de un nuevo fin de semana. Los días deberían empezar a ser más calidos pero a pesar de que la crudeza del invierno había remitido un poco, el viento todavía llegaba a calar en los huesos, Sophie estiro los brazos sobre su cabeza y sintió crujir la columna, suspiró y miró su reloj pulsera, eran las cinco de la tarde, casi la hora en la que la lechuza gris de Bill llegaba con su rosa del día, sonrió pensando en lo mucho que le gustaba recibir esas notas, cada una de ellas era guardada por Sophie celosamente en una cajita que tenía en su mesa de luz, a las rosas les había hecho un hechizo para hacer que duraran mas, pero sabía que aún así, se marchitarían pronto. La joven sacudió la cabeza tratando de no pensar en deshacerse de las flores de Bill, nunca se había considerado una persona dependiente de los detalles materiales, pero esas rosas hablaban de Bill, le decían que él pensaba en ella y eso le gustaba mucho. Con parsimonia se colgó la mochila al hombro y dirigió sus pasos a la salida de San Mungo.-
-Señorita Carter- la voz conocida del medimago Murphy detuvo sus pasos, la joven se giro a mirarlo- solo quería que sepas que el jueves usarás tus horas de practica en San Mungo para llevar a cabo el procedimiento para quitar la maldición del fuego infernal.
-¿De verdad?- preguntó incrédula acercándose un poco- se que dijo que se podía simular los síntomas pero...
-Es similar a usar un boggart para simular un dementor- informó el mago – el paciente que se ofrece de voluntario no sufrirá todos los síntomas ni estará en peligro de vida, pero servirá, no lo hacemos hoy mismo por que no pudimos encontrar un maestro pocionista que quisiera preparar la poción de contención. La academia recurrió a Severus Snape pero se negó hasta que la decana uso la carta que menos esperamos que funcione.- ella lo miró con una sonrisa cómplice- resulto que la señorita Carter es la favorita del pocionista.-
-Fui buena alumna, esos es todo.-
-El pocionista Snape esta trabajando en la poción, aunque dijo que usted podría prepararla si quisiera hacerlo. – El mago la miró con fingida reprobación- mal jugado señorita Carter. La poción estará terminada el miércoles y la dejarán reposar así que estaremos listos para administrarla y quitarla el jueves. Buen fin de semana- dijo antes de voltear y desaparecer en los pasillos del hospital, ella siguió su camino hasta su departamento con una sonrisa, decidió hacer el camino a pie intentando que sus músculos agarrotados se relajaran un poco, estaba a punto de entrar al edificio cuando una lechuza voló sobre ella y dejó caer una rosa y una nota sobre ella, la joven entro a su departamento y colocó la rosa en el florero junto a las otras antes de desenrollar el pergamino
-Nunca pensé que el amor pudiera doler tanto. Se que te dije que iba a darte el tiempo que necesitabas pero daría todo lo que tengo por verte solo unos minutos. Te extraño. William.
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La esperanza
FanfictionEl perdió la fe en la vida desde antes de la guerra. Ella perdió gran parte de su vida en la ultima batalla. Ambos se necesitaban sin saberlo. El destino tiene sus tiempos y sus estrategias y ellos se seguirían encontrando hasta que al fin se pudie...
