El lobo y su redención

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 Poco a poco Bill salió de sus recuerdos sintiéndose miserable, Sophie fue su Harry, la chica que él debía proteger y que termino salvando su vida varias veces esa noche. Si antes se sentía mal, ahora se sentía mucho peor, la buscó con la mirada y descubrió que seguía pegada a Lupin, aunque ahora se sostenía con sus propias piernas.-

-No vuelvas a irte, padrino- la escuchó suplicar- prométemelo.-

-No puedo prometerlo, chiquitina- dijo Lupin sonriendo- necesitamos seguir apresando a los mortífagos prófugos, esa es mi función dentro de la orden. Además ¿Qué dijiste cuando descubrí lo del ejercito y amenace con sacarte del colegio y castigarte hasta que cumplieras treinta? Todos tenemos una misión que cumplir en post de la paz.-

-Eso era antes, padrino- dijo ella haciendo un mohín- ahora pienso que deberías quedarte conmigo y no irte mas- Lupin rió y abrazó a su pequeño trozo de cielo, Bill los miraba en la distancia incapaz de ignorar el amor que esos dos se tenían.-

-Con el tiempo te acostumbras a compartir a tu hombre con una mujer mas joven- dijo una voz divertida, todos guiaron sus ojos a la recién llegada, quien sostenía a un bebé entre sus brazos.-

-Tía Nimphadora, Teddy- volvió a gritar Sophie, abandonando los brazos de Remus para abrazar a la bruja y a su pequeño cachorro- Ahora si estamos completos.- la señora Weasley se unió al grupo de gente y los invito a todos a cenar luego de la cual, Remus intentó que Sophie los acompañara a la cabaña.

-No hace falta, Remus- intercedió la señora- ella esta instalada aquí y además no tendrás demasiado tiempo para ella con las reuniones en el ministerio, déjala con nosotros y ven a verla todos los días cuando tengas tiempo- esto provocó un suspiro de alivio en Bill, quien miró a la metamorfomaga que se había ingeniado para estar lejos de él durante la cena, Draco lo miraba con reproche y sabía que se lo merecía; en su defensa, la ruptura del compromiso una semana antes de la boda lo había puesto de un humor de perros, pero eso no justificaba que no hubiera prestado nada de atención a su salvadora, hasta el punto de ni siquiera reconocer su fragancia. Cerró los ojos tratando de ver como haría para devolver las cosas a su cause, tenía que disculparse. Su lobo la reclamaba como su omega y al humano también le gustaba, Por Merlín, vaya que le gustaba. Ella volvería a mirarlo, volvería a tomar su mano, volvería a sonreírle o el dejaría de llamarse William Arthur Weasley

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Los días iban pasando bastantes normales en la casa de los Weasley, la mañana después del regreso de Harry, Ron y Remus, el señor Weasley también llegó, haciendo al fin completa la alegría. Bill vivía en el Refugio, casa que había pertenecido a su tía abuela y que había pasado a él por herencia, pero se las arreglaba para ir a almorzar todos los días, Sophie todavía no superaba el bochorno de saber que él no la había recordado de aquella noche en la que ella había quedado prendada por él, la sensación de ser invisible se apoderó de ella, cada vez que lo veía, intentaba huir, por experiencia sabía que el olfato desarrollado de Bill podía oler sus cambios de humor y por nada del mundo quería que supiera que la había herido, no necesitaba sentirse mas humillada. El día del homenaje a los caídos ella amaneció particularmente triste, no quiso salir de la habitación que compartía con Ginny, Alana y Hermione y nadie se lo reclamó. El homenaje significaría asumir que su familia ya no volvería, que se había quedado sola, que ya nunca volvería a conversar con su madre, que ya nunca esperaría a su padre después de cada luna llena, que ya nunca pasaría Navidad con su primo Antony y que su tía jamás volvería a llenarle la cara de besos. Sería asumir que todos ellos estaban muertos. Sophie se puso de pie y camino hasta la ventana que daba a los terrenos en el exterior mientras dejaba que las lágrimas corrieran libres por sus mejillas.-

La esperanzaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora