Una vez, de pequeña, estaba por ir a jugar al parque con una de mis amigas, pero mi padre no me dejaba, aunque no sé por qué. Entonces yo llegué a rogarle de rodillas que me dejase salir, pero él no me dejaba. Yo me sentía hundida, porque me aburría estar en mi casa sola ya que mis padres trabajaban.
Al otro día, mi amiga fue con su madre para resolver la situación. Le preguntó a mis padres por qué no podía jugar con ella, a lo que él le contestó fríamente: Es peligroso en estos momentos.
Yo entré en la casa, algo enojada y triste porque no vería a mi amiga hasta que crezcamos. Me parecía injusto.
Encaré a mi padre y le pregunté si alguna vez pensaría otra cosa. A lo que el chasqueó la lengua y negó con el índice. Dijo: No cambiaré de opinión.
Fue en ese momento, cuando Savanna me dijo exactamente las mismas palabras que mi padre.
—Savanna —digo tartamudeando—, tú... ¿Sabes algo de mis padres?
Ella me mira fijamente, pero cuando menciono esas palabras aparta la vista rápidamente hacia abajo.
Vacila antes de hablar:
—Yo... —Se pone un mechón de pelo atrás de la oreja. Está nerviosa. Se levanta de la silla bruscamente y va hacia la puerta. La abre y me observa—. Creo que debes tomar un baño, adelante, ve. No tengo problema.
—De hecho —digo poniéndome de pie bruscamente— tienes razón. Debo dejar de malgastar mi tiempo con personas que no valen la pena.
Y furiosa, con las venas ardiendo, cruzo la puerta con rapidez, dejando a Savanna plantada allí.
¿Por qué no quiso contestarme? Al principio pareció como que empezaría a hablar, pero luego los notables nervios la invadieron y le puso fin al tema que es tan importante para mí.
Mi cabeza es una bola gigante de palabras, de incógnitas. Lo que más me asusta es que, exceptuando a Sam, no tengo a nadie que me comprenda.
Angus está en la suya, es el jefe del lugar y tiene mucho de qué preocuparse.
Benjamin tiene mi edad. Es guapo, inteligente, valiente. Pero no es muy comprensivo.
Savanna. A Savanna no la soporto. No sé por qué, pues la mujer siempre se ha portado bien conmigo, pero hay algo en ella que me pone alerta, que me mantiene distanciada.
¿A dónde voy?
Probablemente Sam esté ocupado, estos días casi ni nos vimos y lo extraño. Sin embargo, me acuerdo de que tengo hambre, así que voy al piso del comedor, me sirvo leche caliente y tomo unas galletas.
Observo mi muñeca izquierda y miro en el reloj: son las 11:10 am.
Después de haber devorado todo el desayuno, agarro la bandeja y tiro los residuos en el tacho de basura. Cuando me doy la vuelta para llevar la bandeja, me encuentro con Jul.
—¡Jul! —digo emocionada. Necesito hablar con alguien.
—Hola —responde él cortante. Es evidente que no me buscaba a mí, si no me cruzó de repente.
—¿Sabes algo? —digo agarrándolo del hombro— Creo que tú y yo deberíamos divertirnos.
Jul sonríe ampliamente y me agarra la mano.
—¿Qué propones? —pregunta llevándome lejos de la gente.
Sonreí aún más y nos dirigimos a mi habitación. Al entrar, cierro la puerta y prendo la televisión.
—¿Tienes tele? —pregunta sorprendido— En mi habitación con mi hermano nunca hemos tenido tele.
Eso hace que se me ocurriera algo para ser más amiga de Jul.
Me siento en la cama, cruzo las piernas y apoyo la cabeza en mi puño.
—Cuéntame chismes del lugar-susurro. Jul se siento en la alfombra de en frente de la cama y se pone igual que yo.
—Bueno... aunque no lo puedas creer —dice riéndose y pasándose la mano por el pelo— Benjamin es... gay.
¡¿Qué?! ¡Hubiera imaginado cualquier otro nombre, pero jamás el de Benjamin en esa frase!
—Wow. Nunca lo hubiera imaginado —objeto sonriendo.
—¿Quieres saber más? —al ver que yo asiento, sigue— Angus en realidad no es el jefe legal del edificio.
Frunzo el entrecejo y bajo las comisuras de los labios.
—Savanna... es un tema difícil —dice mirándome fijamente— no me fío de ella. Varias veces la encontré haciendo llamadas en lugares inoportunos... más bien la llamaban. Y además escuche pedacitos de su conversación.
—¿Qué decía? —pregunto enderezando la espalda.
Jul suspira.
—Que hay algo que se está descontrolando —hace una pausa—, que no puede viajar hasta acabar con esa persona.
—¿Qué persona? —pregunto más confundida.
Jul pone los ojos en blanco.
—¿Qué no entiendes? Savanna quiere acabar contigo.
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Un día antes
Science FictionCatalina no puede creer que las personas que viven en el edificio que se encuentra ahora por accidente no son completamente humanas. Si ella está allí, quiere decir que tampoco es 100% humana. Ella es atormentada en sueños por Tuck Hapelly, alguien...
