Estoy en el living, tal como antes, tirada en el sillón viendo televisión, esos programas bobos en los que ganas billetes. ¿Por qué la gente se divierte con este tipo de cosas? ¿Qué es lo divertido? Nunca le he visto la gracia. ¿Qué hago mirando esto si no me agrada? ¿Por qué me hago tantas preguntas? ¿Por qué no puedo contestarlas?
Sam se fue en su bicicleta, pero dijo que tardaría como treinta minutos. Sin dudas se ha ido a comprar helado.
Espero y espero tirada, sin hacer nada. Cinco, diez, quince, veinte...
¿Le habrá pasado algo? Quizá un camión lo pisó por cruzar en verde como hace siempre y ahora mismo esté en el hospital. Por un serio momento pienso en llamarlo al teléfono.
Después de pensar esas idioteces, la puerta se abre lentamente y veo la bicicleta de Sam ahí. Luego, finalmente, entra. Lleva una bolsa en sus manos.
—Adivina lo que te traje —me dice con una sonrisa contagiosa, como todas las de él.
Me rio, porque se fue hasta allí para traerme algo a mi.
Abro la bolsa y encuentro un pote de helado, justo lo que había imaginado.
—Es de la mejor heladería de aquí —me dice al ver mi cara de hambrienta. Me quedo mirándolo—. ¿Qué? ¿También esperabas un bolso?
Me río y voy a la cocina tranquilamente para no parecer tan ansiosa y agarro dos cucharas. Le doy una a Sam, y cuando veo el interior del pote contiene crema granizada y chocolate. Me siento una estúpida pensando que no iba a traerme helado después de que me haya preguntado si mis gustos seguían siendo los mismos.
—¿Y tú? ¿Tus gustos favoritos? —le pregunto mientras clavo la cuchara en el helado.
—Son los mismos que los tuyos, ¿no se supone que deberías saberlo? De todos modos, ¿podrías convidarme?
—Mm déjame pensar... ¡Claro que sí!
Luego de un rato saboreando los exquisitos gustos, Sam se atraganta con el helado y dice:
—¡Multioso!
Pongo Disney y está Dipper dando la bienvenida en su carrito. Es muy tierno.
—Empiezo a creer que somos algo infantiles —digo riendo.
Sam me hace un gesto silencioso como diciendo: "que importa"
Al finalizar el programa ya nos comimos todo el helado. Yo me encuentro raspando el tergopol con la cuchara. Hace tal ruido que provoca que apriete los dientes involuntariamente y me agarre una oleada de frío.
—Gracias, Sam. Estaba delicioso. ¡Y el capítulo estuvo genial!
Sam sonríe nuevamente. Adoro su sonrisa, cuando sus labios se alínean y luego se curvan. Sam es perfecto.
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Un día antes
Science-FictionCatalina no puede creer que las personas que viven en el edificio que se encuentra ahora por accidente no son completamente humanas. Si ella está allí, quiere decir que tampoco es 100% humana. Ella es atormentada en sueños por Tuck Hapelly, alguien...
