Capítulo 9

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Sigo a Sam por el largo pasillo. Desde que estoy aquí no he salido a más que hasta el mismo, por lo que prácticamente no conozco nada de este lugar. El pasillo parece interminable.
Sam camina más rápido que yo, y cada un paso suyo son dos míos, así que debo ir casi trotando al lado suyo.
Doblamos a la izquierda (aún en el pasillo) y veo una ventana que da al exterior. Puedo ver el cielo iluminado por las estrellas. Creo que vamos hacia la ventana, pero doblamos a la derecha.
—Parece interminable —balbuceo.
—¿Qué? —pregunta Sam con la misma dureza.
—Nada. —Revoleo los ojos. ¿Qué le sucede?
Es extraño porque al pasar, las pocas personas que hay en el pasillo se me quedan mirando un minuto, y luego siguen su tarea.
Caminamos y caminamos sin rumbo (al menos para mí) hasta que llegamos a una sala con sillones casi modernos de cuero verde. A la izquierda hay una puerta de madera que dice: Sala Directiva.
A la derecha, otra dice: Sala de energías. Allí me imagino un millón de cables y aparatos extraños que dirigen todo.
Cuando nos adentramos en la sala central, en frente de los sillones de cuero verde, hay una puerta grande, pero esta vez de hierro, que dice: Sala de Reuniones. A su lado hay un timbre.
Sam presiona el timbre, y la puerta se abre de forma automática. Deja ver una larga mesa con muchas sillas. Lo que me llama la atención es que en la Sala de Reuniones sólo hay 3 personas, de las cuales ninguna conozco, exceptuando a Angus, que me observa con dificultad por la puerta.
Entramos y una mujer me recibe amablemente con un beso, luego dice:
—Soy Savanna Suth, es un gusto conocerte. —¿Por qué todas las personas me tratan tan bien? El nivel de amabilidad que me proporcionan es tan alto que me irrita.
Le sonrío a Savanna con su misma benevolencia.
—Yo soy Benjamin —dice un chico de no más de veinte años. Es guapo, de cabello corto rubio. No pronuncia "Benjamín" si no que acentúa la "E".
Finalmente, Savanna toma la palabra.
—Siéntense. —Sam toma asiento al lado de Benjamin y yo en frente suyo. Savanna me observa detenidamente—. ¿Sabes que estás aquí por un propósito?, un solo propósito.
Miro hacia los costados y luego miro a Savanna. ¿No sabe que no sé nada? ¿Que me trajeron aquí obligadamente, sin que yo supiera? ¿Sin que yo supiera qué es este lugar?
—Eh, no sé de qué propósito hablas... —digo tartamudeando. Sinceramente esto me confunde,
Savanna sonríe. Me ofrece un papel que tiene sobre la mesa.
—Acabar con Tuck —dice mirándome. ¿Quién es Tuck? ¿Por qué me necesitan a mí para acabarlo? Me entrega un mapa. 
Hay un grande círculo rojo que marca que allí estamos nosotros, así que deduzco que ese es el edificio. Alrededor no hay nada, absolutamente nada, sólo montañas y valles. No sé en qué tierra estamos, no sé nada.
—Estamos muy alejados de todo. No hay ningún rastro de ciudad, no hay rastro de nada... —dice Savanna. 
Voy a dar mi opinión, voy a decir que no entiendo nada de esto y que se han equivocado de persona, pero Angus dice en un susurro casi horroroso:
—Debes ayudarnos. Nos tortura a todos.
Frunzo el ceño. ¿De qué habla?
Cierro los ojos, aprieto los párpados y los abro lentamente. Trato de aclarar un poco las cosas, pero como la información que me han brindado es tan poca que no puedo sacar conclusiones, decido hablar:
—Escuchen, no creo ser la indicada para esto. Se habrán confundido. No sé quiénes son ustedes.
—¿Tú eres Catalina Scaffer? —me agarra de repente la voz de Benjamin. Hasta ahora no ha hablado pero tiene una voz muy fría y áspera.
—Sí.
Benjamin observa a Angus y a Savanna a lo que se podría decir a la misma vez.
—Entonces es ella —dice Benjamin. Comienzan a reírse entre ellos, dejándonos a Sam y a mí excluídos de su conversación, que justamente es sobre mí.
Me quedo boquiabierta. Empiezo a sentir ganas de irme de aquí. Aunque nunca quise estar aquí, 

Me aclaro la garganta y me acomodo en la silla, como si tratara de verme seria. 

-Bueno, ¿alguna pregunta para hacer?-dice Angus juntando sus pulgares y jugando con ellos sin dejar de apartar su mirada de mí.

Me mordí el labio inferior.

Tantas preguntas.

-En primer lugar, ¿Qué son ustedes?-logré decir soltando poco a poco las palabras.

Savanna suspiró.

-A partir de ahora debes incluirte a tí tambien en ese "ustedes". Somos Swotts.

Angus se queda esperando mi aprobación o algo así porque deja de jugar con sus pulgares y observa a Savanna una y otra vez.

-Angus, ella no sabe qué son los Swotts.-replica Savanna.

No, no lo sé.

Angus se pone de pie y se dirige hacia un proyector que hay en el extremo de la sala. Lo enciende mientras dice:

-Los Swotts somos criaturas inhumanas.-alzo las cejas-Si, tenemos cuerpos de humanos pero tenemos más destreza-mientras dijo eso último el proyector reaccionó y mostró una imagen de un humano y un Swott a su lado, luego pelean como si estuviera todo sintonizado con la voz de Angus-incluso somos más inteligentes, los humanos usan el 10% de su capacidad cerebral, mientras que nosotros usamos el 20%. Un Swott se forma con la cruza de un Frog con un humano, por lo tanto tu padre es un Frog.

-¿Qué son los Frogs? ¿Y por qué mi padre y no mi madre?

Angus suspira, cansado de hablar.

-Los Frogs-hace un gesto apagando el proyector-lo verás más adelante. Mira, si nace un Swott niña, entonces su padre es el Frog. En tanto si nace un Swott niño, el Frog es la madre. ¿Entiendes?

Asiento algo confundida por el bombardeo de información.

-Tengo una última pregunta-dije levantando un dedo.

-Dime-dice Angus suavemente.

-Si los Swotts son...perdón, si los Swotts somos un 10% más inteligentes que los humanos, ¿Por qué me llevé Lengua?

Angus sonríe y se pone colorado.

-Eso...-toma un trago de la taza de café que tiene sobre la mesa-lo podemos practicar.

Al camino de vuelta pasamos de nuevo por el gran ventanal, y me detengo a unos pasos de él. A su costado hay una puerta que dice: Exterior.

Sam me abraza.

-Ven-me dice llevándome a la puerta-te lo mereces.

Mis dedos juegan con el picaporte antes de abrir la puerta de un empujón.

Suelto a Sam y corro hacia el exterior, pero con los ojos cerrados. Hace tanto que no siento esta sensación de aire fresco en mi rostro que me alegra estar allí.

Abro los ojos de a poco lentamente. Me sorprende ver que estamos en lo más alto de un precipicio de unos cinco mil metros, rodeados de valles y montañas. A lo lejos pero bien bien lejos se puede observar un pequeño lago. Nada más.

Este lugar está en la nada misma.


Un día antesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora