Capítulo 36

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Luego de asignar un grupo a cada persona, asegurarnos de llevar provisiones e ir al baño todos, Sam, Rory y yo nos despedimos de Lidia.

-Esperen-dice ella apurada-no me tardo. Debo darles algo a todos.

Debo admitir que lo que me esperaba de Lidia eran un par de calcetines tejidos para cada uno, pero no.

Llega con un enorme carro con ruedas, el cual está tapado por una manta negra.

-Sabía que este día llegaría-dice casi gritando para que escuchen todos-así que decidí estar preparada.

Extiende las manos y quita la manta de un tirón.

Lo que veo me deja anonadada, y a los demás también.

El carro tiene "dos pisos"(o sea, dos estantes) repletos de armas de distintos tamaños.

-Increíble-murmura Sam acercándose al carro. Yo también lo hago.

Todas parecen iguales. Sin embargo hay una que me llama demasiado la atención. Nunca la he visto.

Es una especie de revólver, pero más pequeño y cómodo. Lo agarro despacio y apunto al suelo. Con el pulgar activo la palanquita que funciona como gatillo, y un pequeño dispositivo redondo y azul se clava en el césped.

-Ese es un Revólver Síninen. Proviene de Finlandia. Significa "revólver azul".

Bajo las comisuras de los labios y alzo las cejas.

-Genial-digo sonriendo-¿Duele?

-Pruébalo conmigo, si quieres-dice Lidia sin darle importancia.

¿Dispararle a Lidia? No lo creo...

-Vamos, ya estoy muerta-me convence.

Doy un suspiro y me acomodo el síninen. Apunto hacia la pierna de Lidia y, sin darme cuenta, el dispositivo sale girando hacia ella.

-¡Aaaa!-exclama ella tirándose al suelo-¡Te aseguro que su nivel de dolor es 100%!

-Lo siento, Lidia. ¿Estás bien?

Ella asiente mientras la ayudo a levantarse del suelo.

-Me quedo con este-digo conforme.

-No les daré hechizos porque los míos no funcionan en un lugar que no sea este-mira hacia todas partes y se dirige a mí-lo único que funciona es el paquete blanco. Recuerda.

Ya adentrados en el bosque, estamos todos con un arma excepto Pobby, que lleva una manta abrigada sobre sus hombros y una navaja sólo para defenderse.

Fribby y Jonathan llevan armas poderosas pero pequeñas, porque eran las que quedaban.

Caminando en silencio, sólo se oyen los crujidos de las hojas secas bajo nuestro peso y la respiración agitada de cada uno.

-Tengo sed-rezonga Pobby después de horas-¿hay algo para beber?

Benjamin rebusca entre su mochila y saca una botella de agua. Se la entrega a Pobby. Ella la destapa y se la lleva a la boca, y luego de tragar pone cara de asco.

-Está caliente-dice.

-Aprende a conformarte-le gruñe Fribby, que va delante nuestro.

Al cabo de un rato, Sam me agarra del cuello y me planta un beso en la boca.

-¿Qué haces?-le pregunto riendo cuando me suelta.

Él me mira de reojo serio, pero luego se ríe.

-Me encanta que te rías a pesar de estar en estas circunstancias-me dice.

Si, Sam. Siempre hay que reír.

Un día antesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora