Capítulo 5

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El encuentro de esta tarde con Rory me dejó pensando. La verdad, no entendí nada de lo que me dijo, aunque estoy ansiosa por saber qué pasa. Me dijo algo así: ten cuidado esta noche. Los lobos estarán como locos.

El pareció muy convencido de lo que me estaba diciendo, aunque noté un poco de miedo en sus ojos verdes.

Miro el reloj de la pared. Son las 20:10, hora perfecta para relajarme un poco. Para no pensar ni en Sam ni en Rory. Sólo para mí.

Así que me dirijo al baño y abro el grifo de la bañera. Me desvisto y me sumerjo dentro. De repente todos mis músculos se relajan, mi mente también.

Estoy 5 o 10 minutos dentro de la bañera, hasta que decido de mala gana lavarme el pelo.

Estoy levantándome de la bañera y escucho un ruido, había dejado la puerta abierta porque: estoy sola (mis papás están de vacaciones) y porque me da miedo cerrarla. Ya sé, ¿qué puede pasar?

Me encuentro parada aquí, detrás de la cortina de baño, y veo una persona pasar, oh, no. ¿Y la toalla? ¡La maldita toalla! Me olvidé de llevarla al baño. Mi corazón late agitadamente.

La persona retrocede hasta la puerta del baño y veo a Sam.

Suelto un suspiro.

—¡Me has asustado de nuevo! —exclamo— ¡Vete! —Sam se está yendo cuando le digo— ¡Espera! traeme una toalla de mi dormitorio.

A unos segundos, Sam regresa con mi toalla.

—Espérame en el living —le digo.
Sam se va nuevamente, así que me seco y me pongo un pantalón suelto color coral, una blusa blanca y decido estar descalza.
Me desenredo el pelo y lo engancho con clips. Salgo hacia el living. Lo veo a Sam, mirando televisión. Me siento a su lado.
—¿A qué has venido? —le pregunto luego de un rato.
—A pedirte perdón. Por cómo te trate hoy. Lo siento, te quiero —me dice en un susurro amable.
Le devuelvo la sonrisa.
—No pasa nada. Yo te quiero más.
—También siento haber entrado así a tu casa.
Me levanto del sillón a preparar algo para comer. Estoy sacando unos huevos cuando Sam aparece y dice:

—¿Qué haces? No, no. Hoy no cocinas. Pediremos una pizza y Coca Cola. Y luego, helado.

—Terminaste de convencerme —digo levantando las manos y alzando las cejas. —. Hoy me crucé con Rory Thompson, tan agradable como siempre —digo irónocamente—. Dijo algo extraño.

—¿Cuándo no lo hace?—me dice Sam.

Luego nos reimos. Tengo la sensación de que esta será una noche genial.

Aproximadamente treinta minutos después, tocan el timbre. 

—Deja, yo abro —dice.

Aparece con una pizza y una coca cola. La deja en la mesa y ponemos Gravity Falls en la televisión. Nos sentamos a comer.

—Está deliciosa —digo comiendo.

Sam no lo niega.
Siempre me he preguntado qué tienen en la cabeza las personas a las que no les gusta la pizza.
También me pregunto: ¿Quiénes fueron los genios en inventar esta maravilla comestible?
—Sam, apropósito, yo quería pagar la pizza.

Sam sonríe y sus ojos se fijan en mí.

—Págamelo de otra manera.

Casi me caigo del sillón, me derrito. No importa lo que pase mañana.

—¿Puedo besarte? —me dice de repente.

Asiento levemente, sorprendida. Siempre me atrajo un poco Sam, pero nunca pensé que a él también le atraía. 

Sam se me acerca y me pone una mano en el cuello corriéndome el pelo.

Finalmente posa sus labios tibios sobre los míos. Sam se levanta sin despegar sus labios.

—Te amo —dice Sam.

—Yo también te amo.

Al día siguiente, despierto y Sam no está a mi lado. Anoche nos quedamos viendo una película de comedia, "Jack y Jill" si no me equivoco.

—¿Sam? —digo con voz ronca incorporándome en el colchón.

Sam aparece con una bandeja. La pone sobre mis piernas y dice: gracias.

Yo sonrio. La bandeja tiene café, un cuenco que cereales y leche, un vaso de jugo exprimido, galletitas oreo, facturas, y un alfajor.

—¿Cómo voy a comerme todo esto? —pregunto lamiéndome los labios.

—Tienes todo el tiempo del mundo.

Sonrío. Este seguro será el mejor día del mundo.

—Acompáñame a comer —digo acomodándome.

Sam me observa, luego a la bandeja, y me saca una galleta oreo y un tragito de café.

Terminamos de desayunar y miro la hora. Las 10:15. Por alguna razón recuerdo a Rory. Todavía no entiendo lo que quiso decir. Estaba inventando ideas horrorosas cuando Sam habla:

—¿Te gustaría ir a un parque acuático? —me dice sentándose al lado mío.
Un parque acuático. Con Sam, todo es divertido.
Sonrío ampliamente.

—¡Sí! Me encantaría —digo.

—Genial —dice con una sonrisa—. A las 12:30 te paso a buscar. Debo...debo hacer algunas cosas.

Asiento levemente. Sam me da un  beso y se va rápido.

No pierdo más tiempo. Me levanto, busco en mi armario la maya y me la pongo. Arriba me pongo un short  de jean y la blusa de anoche. Unas ojotas, me ato el pelo y listo.

Coloco la bandeja de Sam en la mesa y lo devoro todo.

Miro hacia fuera, un día caluroso y un sol radiante, un día perfecto.


Un día antesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora