¿Cuánto estás dispuesto a perder por amor?
Dolores y Emiliano se conocieron de casualidad el mismo día que se perdieron para siempre, a pesar de que el flechazo fue instantáneo. Pero el destino se obsesionó en volver a encontrarlos, solo que no calc...
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El timbre por fin sonaba marcando el fin de semana. La segunda primera clase luego de confesar su amor fue otro éxito. Ni siquiera Sandra se inmutó, solo le regaló una cálida sonrisa que le indicaba que ya sabía que se habían reconciliado. Emiliano no iba a mostrar felicidad de un momento para el otro, y más después del escándalo que armó en el curso de Penélope.
Era un maestro de la mentira cuando se trataba de ocultar su amor por Dolores.
A la salida, Dolores esperó a que Emiliano acompañara a Sandra hasta su casa, ya no había dudas, todo lo contrario. Quería encontrar el momento para hablar con la chica y agradecerle la ayuda que le brindó para vencer sus miedos e inseguridades.
Amenizó la espera poniendo música en el coche, todavía estaba puesta esa playlist de Spotify que la ayudaba a expulsar el dolor de no tener a Emiliano en forma de canto, y ya se sabía la letra de todas las canciones. La diferencia es que ya no dolía, sonreía mientras cantaba abrazada al volante.
—Dime, ¿cómo hueles? ¿De qué lado duermes? Cuenta a qué le temes. ¿Qué haríamos los viernes? —cantaba con el mentón apoyado en sus brazos sobre el volante.
—Huelo a ese mismo perfume que te enloquece, duermo del lado derecho de tu cama, temo volver a perderte, y hay muchas cosas que podemos hacer los viernes, empezando hoy mismo.
Emiliano le respondió todas esas preguntas que estaba cantado por la ventanilla, parado en la calle. Dolores se apresuró a abrirle la puerta del copiloto, y Emiliano se subió antes de que los descubriera alguien. No emitieron palabra, solo se besaron antes de partir directo a recuperar los meses perdidos.
Si bien tenían mucho de qué hablar, el silencio siguió reinando entre ellos. El objetivo era el mismo para los dos: calefacción para el frío de julio y la alfombra nórdica de la sala. Luego, improvisar una cena y el postre final en la cama. La charla debida la pagaron cuando solo los vestía las sábanas, Emiliano mirando el techo y Dolores recostada sobre su pecho.
—No sé cuál de las tres visitas me sorprende más. Si tu mamá fingiendo ser la madre de un alumno de la matutina, Sandra estando re enamorada de vos, o Mauro, mi ex.
—Casate conmigo. —Emiliano la tiró así, sin rodeos.
—Obvio, bonito. Ahora que volvimos, el plan sigue en pie.
—Ahora.
Dolores se reincorporó y lo observó confundida, buscaba el chiste en su rostro, pero no lo encontró. Emiliano hablaba en serio.
—Emi... ¿En serio? Pero... ¿Y la escuela?
—Justamente por eso. —Emiliano acomodó el cabello de Dolores detrás de su oreja—. Primero, no quiero volver a perderte, por eso quiero darte mi vida como garantía de que nunca más me voy a separar de vos, y que confío en que lo nuestro es lo suficientemente fuerte para enfrentar cualquier cosa. Y segundo, si alguien se entera de lo nuestro en el colegio... Ya estamos casados, ¿que pueden hacer?